Mirar hacia
atrás no es solo eso que se hace cuando alguien te llama o te toca en el
hombro. Tampoco es deprimirse al recordar ese sueño que no se ha cumplido, o
ese beso que no has dado. Es aprender, es asombrarse ante lo poco que se parece
lo que finalmente ha pasado a lo que esperabas.
Y así ha sido.
Casi se podría decir que soy una persona diferente a la que vino aquí hace casi
tres años, aunque siga siendo el mismo. Releo esas primeras entradas del blog
llenas de novedad y de miedos y no puedo sino sonreír ante mi propia ingenuidad. Ya
conozco este lugar. Puede que no todos sus rincones ni todas sus calles pero lo
conozco, he vivido, estudiado y amado aquí. He enfermado y me he vuelto a
recuperar, he sentido su frío y su calor… Y estos años han sido una progresión:
de la sorpresa al conocimiento, de la ignorancia al saber y de recién salido de una isla a… ahora.
Pero todo
tiene un final.
Aún a falta de
un último paso para terminar el master, voy cerrando una puerta. No sentí
realmente ese final al acabar la carrera porque todo fue demasiado rápido y
casi sin darme cuenta ya estaba de nuevo en clase. Pero esta vez es diferente,
será diferente. Habré terminado, y comenzará otra etapa, en otro lugar. Atrás
quedan muchos meses, dificultades y alegrías, este blog y sus nombres en clave,
noches infinitas y días de facultad. Quedo yo, parte de mí.
Ω
No es seguro
que me vaya a Londres ni que me quede. Más allá de septiembre, cuando entregue y presente
el trabajo final, mi vida será un interrogante. Lo es ahora, porque aún no tengo
nada claro y porque necesito algunas respuestas. Pero, por otra parte, también
hay que vivir el presente y debo centrarme en él: el trabajo, su preparación, su
perfeccionamiento, la recompensa que me espera. Por un mes, mi vida tiene que dejar un poquito de serlo.
Casi como este último año.
No estoy
siendo muy coherente en esta entrada. Es normal, voy soltando, vomitando lo que
me viene a la cabeza, algunas de las cosas que quiero decir. Como que me he
encontrado, en estos últimos tiempos, rodeado de gente que está ahí, que se ha
preocupado y se preocupa por mí. De gente que me ha ayudado y sonreído. Sonrisas, cariño, presencia. Quizás todo eso es, sobre todo, lo que mejor puedo llevarme de este lugar.
Doy las
gracias, así, por completo, a Sevilla. Por lo que me ha aportado, por lo que me
ha quitado y, en definitiva, por hacerme crecer y seguir queriendo mirar hacia
delante.
Siempre hacia
delante.
Sevilla, 17 de
julio de 2012.