Bien. Me siento satisfecho por haber llegado hasta aquí. En serio. Aunque lo que haya escrito sea nada más que mi pequeña historia, está bien contarla en orden, con calma. Y ahora falta la segunda parte, esa más interna, más intensa, más profunda... ESA parte.
Hoy es domingo, así que según todos los cálculos en una semana estaré en un avión rumbo a Jordania. No porque vaya a tomar el té con Rania (la avisé por Facebook pero estará en la pelu) sino porque es la escala que tendré que hacer para llegar a Abu Dhabi. Ya era hora, tocaba una visita. Una visita oficial que si bien será cuidadosa y recatada, será visita. Espero no ser el único que lo necesita.
La perspectiva de ir tan lejos siempre ilusiona, aunque ir a Oriente Medio no sea el sueño de mi vida. Viajar solo hasta allí, hacer escala en otro país, enseñar el pasaporte... Esas cosas que te hacen pensar que eres mayor pero que en el fondo mola. Pero para que no me emocione demasiado, para que las cosas no parezcan demasiado perfectas, tengo un examen antes, y otro durante. Para el de antes ya estoy estudiando, aunque cuesta eso de arrancar. Para el otro... estoy en negociaciones. Este tipo de viajes son los de 'una-vez-en-la-vida'. Además, algo me dice que 'tengo' que ir. Espero que estos argumentos convenzan al personal... tengo esperanzas.
Y la verdad es que no tengo nada preparado, aunque tampoco es que haya mucho que preparar. Entre el máster, inglés, los encargos de transcripciones y el mero hecho de existir, no tengo lo que se dice mucho tiempo. Más bien ninguno. Tanto es así que aún no he comprado el blue-tack (dícese de esa cosa azul que se usa para pegar cosas) para poder poner mis fotos en la pared. Tengo las paredes extrañamente blancas y lisas, y eso no me gusta. Tengo, decía, que preparar un examen doble, ir a muchas e intensas clases, preparar las clases de inglés, ir a las mismas, ir preparando toda la ropa del viaje, reunirme con los profesores para lo del examen que me saltaré, ... Ocio puro.
A pesar de todo, de toda esa actividad, de todas esas horas ocupadas en escribir, leer, escribir y volver a leer, tengo tiempo para pensar. Tiempo para estar cansado, internamente, para sentirme harto, para recogerme a mí mismo y colocarme en el carril que me corresponde. Para dudar. Es en esos momentos cuando veo que nada ha cambiado. Nada. Con esa perspectiva incierta del futuro que desanima, que desgasta.
Y luego recibo fotos de Fusa y me echo a reír. Tan pequeña y tan grande.
Fusa, mon amour.
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