Llegados a este punto en que ya da igual actualizar cada semana, cada mes, o quizás nunca, he considerado y tenido a bien volver a escribir aquí. No por esa obligación cansina de tener siempre algo que contar, sino porque creo que podría ser interesante volver a contar. Volver a escribir lo que de otra forma se quedaría para mí y se perdería algún día en que mi cerebro decida hacer limpieza.
Han pasado muchas cosas desde Agosto hasta el día de hoy. Como siempre, parece que tengo la capacidad de que me pase de todo y, además, en el menor tiempo posible. Pasé de celebrar mi vigésimosegundo cumpleaños a estar en El Puerto de Santa María, a estar en Suecia, a estar en Mairena del Aljarafe, estudiar para el último examen de la carrera, volver a casa, volver a Sevilla, buscar piso, no encontrarlo, encontrarlo, preparar los papeles del máster, empezar el máster, irme a Abu Dhabi en una semana...
Era una grandísima perspectiva ir a Suecia. Era algo que me hacía mucha ilusión, y durante años había dicho (medio en serio, medio en broma) que algún día viviría en un país nórdico, aunque sólo fuera por unos meses. Además, ir con Caos mejoraba aún más el plan. Solos, verdaderamente solos por primera vez. Y la verdad es que fue genial: me encantó la compañía, el país, la compañía (¿lo había dicho ya?)... disfrutaba de todo eso mientras intentaba alejar de mi mente que tenía un examen poco después, el último de mi carrera. Eso le confería el título de 'más importante' aunque no lo fuera, y lo ponía en el pedestal de las cosas difíciles de conseguir. Es por ello que cuando me bajé del avión y me di cuenta de lo que se me venía encima noté una opresión particular, que con conseguía quitarme de la cabeza.
Preparé el examen en casi dos semanas. Dos semanas en las que me recluí y me dediqué a ello de forma intensiva, aunque como suele ocurrir en estos casos fueron realmente los últimos días los realmente decisivos. El día llegó, entregué el examen y me sentí más ligero. En el fondo de mí sabía que había aprobado, si bien necesitaba una confirmación para poder estar tranquilo del todo. Con esa sensación agridulce volví a casa (ya había perdido la cuenta de la cantidad de aviones que había cogido en el último mes) y estuve tranquilo. Tranquilo casi totalmente, pero sin nada que hacer. Fue como un brusco parón que me sentó tanto bien como mal, y que me hizo sentir incluso inútil por eso de que llevo muy mal la falta de actividad. Y un día llegó. La noticia definitiva que esperaba nervioso. Había terminado la carrera, había terminado algo, por fin, en mi vida.
Una vez conseguido ese objetivo, quedaba el máster. Con el consiguiente problema de inscripción por ineptitud del sistema al poner fechas, tuve que volverme a Sevilla antes de tiempo para arreglar todos los papeles. Así que volví y lo arreglé, con esa sensación de que siempre consigo algo para luego estar al límite y tener que solucionarlo muy rápidamente. Al mismo tiempo, además, tenía que buscar un sitio donde vivir, y a ello también me dediqué intensamente, encontrando ya cuando pensé que sería imposible el piso desde el que escribo. Por fin lo tenía todo, por fin podía empezar...
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