sábado, 9 de abril de 2011

The Holmes Affair - Graham Moore

Hoy toca hacer una entrada atípica en este mi blog. Están acostumbrados a mis andanzas andaluzas y a momentos profundos y/o filosóficos, lo sé, pero uno puede ponerse formal de vez en cuando. Y por una buena causa. Los que me conocen saben que Sherlock Holmes es uno de los pocos ídolos que tengo, por muy ficticio que sea (uno de los pocos libros que me traje a Sevilla es la edición completa de sus historias). Me gusta pensar que podría haber existido, como muchos en su momento pensaron realmente. Aunque nunca hayan leído una de sus historias, saben quién es. Se lo pueden imaginar con su sombrero, su pipa, sus drogas y su violín. Y el a veces torpe pero encantador Watson siempre a su lado. Infinidad de películas, libros, documentales, pinturas, esculturas se han hecho sobre su figura o como homenaje a ella. Sin embargo, llegó por casualidad este libro a mis manos, en un día en que fui con A.n a curiosear a FNAC y no pude resistir la tentación. Y qué libro. No puedo sino quitarme el sombrero (y la pipa) ante él.


Al mismo tiempo se nos planean dos historias: una en torno a 1900, y otra en 2010. La primera se corresponde con la vida de Sir Arthur Conan Doyle, creador del maestro, y sus diversas aventuras; la segunda con un congreso de estudiosos de Holmes en Nueva York y la llegada a éste de un nuevo miembro. Al mismo tiempo, en ambos tiempos, un asesinato irrumpe en las vidas de los protagonistas, que desearán, en un momento o en otro, ser Sherlock Holmes.

Sin ánimo de contar de qué va el libro, me quiero centrar en el centro del mismo, en el motor que hace que gire la historia: uno de los diarios de Doyle. Sir Arthur era de esas personas (a las cuales admiro) que escribían todo, lo que hacían todos los días, de forma constante. Y se han conservado todos sus diarios... menos uno. Me explico: En torno al cambio de siglo, Doyle decidió acabar con la vida de Holmes, puesto que le tenía algo muy cercano a odio. Aunque éste había hecho rico y famoso al escritor, su verdadero objetivo era escribir otro tipo de obras, más "serias", pero que no eran muy tenidas en cuenta. La gente amaba al detective, y Arthur no podía sino sentirse atrapado por él. Por ello, en el relato llamado "El Problema Final", Holmes muere al caer a las cataratas de Reichenbach, en los Alpes suizos, en su lucha contra el Profesor Moriarty. Tal fue el impacto que causó la muerte de Sherlock, que en los días sucesivos a la publicación del relato en la prensa (se publicaban por entregas) muchos londinenses llevaban un crespón negro en señal de luto. Doyle había conseguido librarse de su personaje, pero con ello lo había convertido en mito. Y años después, misteriosamente, Doyle "revive" a Holmes inventándose una fantástica historia sobre cómo había simulado su muerte, en una de sus obras más famosas: "El sabueso de los Baskerville". Aquí es donde entra a colación el diario, puesto que cubre el periodo entre la "muerte" de Holmes y su resurreción. Por lo tanto, nadie sabe con certeza qué fue lo que hizo volver a escribir a Sir Arthur sobre el detective. 

Lo que puede parecer una cuestión sin importancia ha supuesto un "Santo Grial" para los investigadores, aficionados, paranoicos y freaks en general que quieren saber qué hubo detrás de una decisión tan contradictoria. En el libro vivimos esos años... y en su segunda historia, la de 2010, se convoca una convención para presentar el diario perdido. Pero éste desaparece, y su portador muere. Todo un misterio para una horda de fanáticos del detective que no dudarán en crear todo tipo de teorías y elucubraciones. 

Sin embargo, no es la historia, su buena forma de escribirla, o sus momentos de tensión lo que quiero comentar. Cuando terminé el libro, pensé: "buena historia, pero un poco fantasiosa, ¿no?". Sin embargo, después de la última página había una nota al lector, en el que el escritor explicaba qué había de verdad y qué de invención en la historia... La realidad puede incluso superar a la ficción. 

En el año 2004, el reputado investigador sobre la figura de Doyle (y Holmes) Richard Lancelyn Green anunció que había encontrado el diario, entre otros documentos que se habían dado por perdidos. Sin embargo, este hombre estaba convencido de que eran los descendientes de Conan Doyle los que le habían quitado los documentos a su depositaria (la hija). Esto llevó a problemas legales y denuncias. Lo más curioso es que, ese mismo año, Green empezó a comportarse de un modo extraño, y a decir a sus amigos que temía por su vida. Poco después apareció muerto en su casa, estrangulado con un cordón de su propio zapato.
El libro no cuenta la misma historia, claro, pero sí que se basa en este hecho, en que después de tantos años aún hubiera motivos para matar a alguien por el diario perdido de Sir Arthur. ¿Qué revela éste que tanto miedo provoca? El autor crea una teoría, además de ambientarla en una época en que Bram Stoker (aún un desconocido) y Doyle eran grandes amigos e iban a cenas con Oscar Wilde. ¿Era acaso un secreto que mancharía la memoria del escritor?

Probablemente nunca lo sabremos. 

La imagen corresponde a Undershaw, la casa de campo que Doyle compró y reformó para vivir con su esposa enferma Touie y sus hijos, lejos de aquella Londres que le recordaba a cada paso que había matado al mejor detective de todos los tiempos. Abandonada hoy, sigue siendo un lugar al que miles de entusiastas del investigador siguen acudiendo en busca de un tesoro entre sus muros.

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