Ponte tu mejor disfraz y entra en el Carnaval,
es para tí, venga ya...
es para tí, venga ya...
Aunque pasen los años, oir estas palabras hace que te venga algo a la mente, una emoción que no se puede controlar, una alegría que te desborda: es el Carnaval. Este año los exámenes me dejaron volver, y no desaproveché la oportunidad. Volví a casa por Carnaval,
a cantar, a bailar y a reír
Y nunca mejor dicho.
Desde que se fue quien todos sabemos, decidí volver. Desde antes quería hacerlo, pero quizás fue esta situación desanimante y triste en cierto sentido la que me hizo decidirme, comprar el billete y olvidar el resto. Y desde Sevilla empecé a planear junto con mis amigos los disfraces, los complementos, ... me encantó hacerlo así. Estuve varios días buscando en las tiendas de Sevilla (que por cierto, no valen para estas cosas) hasta que lo tuve todo, o casi todo. Eran tres disfraces escogidos con cuidado, y que luego resultaron ser los apropiados. En menos de lo que esperaba quedaba una semana para volver, y en menos aún estaba terminando de hacer la maleta. El momento había llegado. Por fin.
Había hecho una lista de cosas que necesitaba: antifaz negro, pajarita, gafas, camiseta verde, gorra verde, medias... Las medias ya las había conseguido (aunque eran un poco finas), pero el resto de cosas no las tenía aún, y me iba en un par de días. Así que aproveché esos largos ratos entre clases para ir al centro y buscarlas. Como diría Bon Jovi, it is now or never, así que lo intenté conseguir todo, y casi tengo éxito. Descubrí pronto que el antifaz no me quedaba bien (la napia no tenía cabida), y que las gorras verdes no abundan. Pero el resto de cosas sí que las pude encontrar. Así que fue a clase, encontrándome con una compañera al entrar en la facultad que me preguntó qué me había comprado:
- Pues... un antifaz, una pajarita, unas gafas grandes, una camiseta verde...
Me miró asombrada, pero se mantuvo en silencio. Para evitar que me ignorara por el resto de mis días, me vi obligado a explicárselo. Visiblemente más tranquila, se despidió de mi y pude ir a clase tranquilamente. No sé si ella tendrá el mismo concepto de mí de ahora en adelante, pero realmente me da igual.
Tras los típicos agobios por llegar a tiempo al aeropuerto, me vi en cola para facturar y encontré los primeros signos de mi destino: gente disfrazada. Un par de animador@s estaban por allí, dando el cante entre tanto soso. Aquello ganaba por momentos.
En el avión todo el mundo iba más que dispuesto al Carnaval... volvía a casa. Después de un par de horas, llegué y allí estaban mis padres y el pequeño bicho que tengo por hermano menor. El plan era sencillo: volver, cenar, salir. Me bullía la sangre.
Una de las cosas maravillosas de volver al hogar es la cuestión gastronómica. Soy de gustos sencillos, y una tortilla y unas croquetas me devuelven el optimismo. Así fue, y empecé a prepararme con toda la alegría del mundo. Las gafas, la pajarita, los tirantes... Con esas pintas salí yo de mi casa para inaugurar la primera noche: La Noche de los Empollones Repelentes. No voy a entrar a valorar si yo de antes ya me parecía a mi personaje, como medio mundo piensa, pero el caso es que todos coincidieron en que iba bastante auténtico. Además, todos íbamos iguales, así que estábamos perfectos y preparados para darlo todo. Fue una noche sin incidentes (salvo cuando un coyo me intentó quitar las gafas...¬¬) en la que hubo muy buen rollo por parte de casi todo el mundo. Éramos los empollones más molones del Parque Santa Catalina.
Pero aquella no fue la última noche. No. Faltaban dos, así que al día siguiente salí con mi madre en busca de la gorra verde y una camiseta de manga larga, porque Luigi era el siguiente. Era La Noche de Supermario Bros. Fue una gran noche también, aunque el hecho de llegar después de la Cabalgata hacía que estuviera todo el mundo hecho polvo antes de empezar (menos nosotros, claro). Una de las mejores cosas fue jugar a la Wii en casa de Patri con el juego de baile, dándolo todo con aquellas pintas... Y hay que recordar un momento que fue mítico, y que dio pie a toda una serie de frases que han pasado a formar parte de nuestro vocabulario habitual. Estábamos nosotros junto a un grupo de mariner@s, cuando una de ellas comenzó a hablar conmigo y con K. Le prestó su gorrito, y quiso también que se pusiera su peluca (a lo que K, obviamente, se negó... qué asco!) y entonces...
K (a mí, por lo bajo): ¡Oh Dios! ¿Quién ha abierto las puertas de Mordor?
Yo: (muerte por risa)
Chica en cuestión: Perdona, ¿se están riendo de mí?
Ambos: No, no por Dios...
Poco después, esta chica dijo: "¿les gusta el house?" a lo que K contestó: "Bueno, lo típico, alguna canción y tal...". Entonces, ella hizo LA pregunta:
Chica: ¿Conocen a DJ Pika?
Ambos: Ehm... no.
K: Pero Pika... ¿de Pikachu? (tono de coña)
Chica: Sí (con seriedad)
Ambos: (Poker face)
Chica: Pues soy yo.
Entonces, ante el descubrimiento de toda una estrella entre el público, K se adelantó y dijo: "Encantada" y le estrechó la mano. Ya ahí no me controlé para descojonarme... Habíamos conocido a toda una celebridad. Y por si fuera poco, DJ Pika La Marinera del Puerto quiso que K la agregara al Facebook, ante lo cual dijo: "Déjame tu teléfono". K, obediente, se lo dio mientras yo miraba impactado: ¡se lo dio así porque sí! Le apuntó su nombre y K, obviamente... nunca la agregó.
El último de los días que saldría sería La Noche de los Superhéroes, en la que me sorprendí de encontrar a Batman y así poder ir juntos como el terror de los malos. Para cubrirnos estaban SuperEstefa y Patrirra (o Zorritri, o simplemente Patri la Zorra) y Letpainter, que aunque no iba de superhéroe nos pintaba los desconchados. Fue, cómo no, otra gran noche, la última de fiestas carnavaleras por este año para mí, en la que acabé de after con Dhav en un arrebato de surrealismo.
En realidad me hubiera gustado añadir fotos y más cosas, pero una de las bases de este blog es no poner imágenes de gente conocida. Ya he roto la regla una vez, y no me gustaría volver a hacerlo, así que esta entrada se quedará corta, pero intensa.
Porque los que allí estuvieron saben de sobra lo bien que lo pasé.
Y las que fueron a despedirme al aeropuerto, aún más...
Había hecho una lista de cosas que necesitaba: antifaz negro, pajarita, gafas, camiseta verde, gorra verde, medias... Las medias ya las había conseguido (aunque eran un poco finas), pero el resto de cosas no las tenía aún, y me iba en un par de días. Así que aproveché esos largos ratos entre clases para ir al centro y buscarlas. Como diría Bon Jovi, it is now or never, así que lo intenté conseguir todo, y casi tengo éxito. Descubrí pronto que el antifaz no me quedaba bien (la napia no tenía cabida), y que las gorras verdes no abundan. Pero el resto de cosas sí que las pude encontrar. Así que fue a clase, encontrándome con una compañera al entrar en la facultad que me preguntó qué me había comprado:
- Pues... un antifaz, una pajarita, unas gafas grandes, una camiseta verde...
Me miró asombrada, pero se mantuvo en silencio. Para evitar que me ignorara por el resto de mis días, me vi obligado a explicárselo. Visiblemente más tranquila, se despidió de mi y pude ir a clase tranquilamente. No sé si ella tendrá el mismo concepto de mí de ahora en adelante, pero realmente me da igual.
Tras los típicos agobios por llegar a tiempo al aeropuerto, me vi en cola para facturar y encontré los primeros signos de mi destino: gente disfrazada. Un par de animador@s estaban por allí, dando el cante entre tanto soso. Aquello ganaba por momentos.
En el avión todo el mundo iba más que dispuesto al Carnaval... volvía a casa. Después de un par de horas, llegué y allí estaban mis padres y el pequeño bicho que tengo por hermano menor. El plan era sencillo: volver, cenar, salir. Me bullía la sangre.
Una de las cosas maravillosas de volver al hogar es la cuestión gastronómica. Soy de gustos sencillos, y una tortilla y unas croquetas me devuelven el optimismo. Así fue, y empecé a prepararme con toda la alegría del mundo. Las gafas, la pajarita, los tirantes... Con esas pintas salí yo de mi casa para inaugurar la primera noche: La Noche de los Empollones Repelentes. No voy a entrar a valorar si yo de antes ya me parecía a mi personaje, como medio mundo piensa, pero el caso es que todos coincidieron en que iba bastante auténtico. Además, todos íbamos iguales, así que estábamos perfectos y preparados para darlo todo. Fue una noche sin incidentes (salvo cuando un coyo me intentó quitar las gafas...¬¬) en la que hubo muy buen rollo por parte de casi todo el mundo. Éramos los empollones más molones del Parque Santa Catalina.
Pero aquella no fue la última noche. No. Faltaban dos, así que al día siguiente salí con mi madre en busca de la gorra verde y una camiseta de manga larga, porque Luigi era el siguiente. Era La Noche de Supermario Bros. Fue una gran noche también, aunque el hecho de llegar después de la Cabalgata hacía que estuviera todo el mundo hecho polvo antes de empezar (menos nosotros, claro). Una de las mejores cosas fue jugar a la Wii en casa de Patri con el juego de baile, dándolo todo con aquellas pintas... Y hay que recordar un momento que fue mítico, y que dio pie a toda una serie de frases que han pasado a formar parte de nuestro vocabulario habitual. Estábamos nosotros junto a un grupo de mariner@s, cuando una de ellas comenzó a hablar conmigo y con K. Le prestó su gorrito, y quiso también que se pusiera su peluca (a lo que K, obviamente, se negó... qué asco!) y entonces...
K (a mí, por lo bajo): ¡Oh Dios! ¿Quién ha abierto las puertas de Mordor?
Yo: (muerte por risa)
Chica en cuestión: Perdona, ¿se están riendo de mí?
Ambos: No, no por Dios...
Poco después, esta chica dijo: "¿les gusta el house?" a lo que K contestó: "Bueno, lo típico, alguna canción y tal...". Entonces, ella hizo LA pregunta:
Chica: ¿Conocen a DJ Pika?
Ambos: Ehm... no.
K: Pero Pika... ¿de Pikachu? (tono de coña)
Chica: Sí (con seriedad)
Ambos: (Poker face)
Chica: Pues soy yo.
Entonces, ante el descubrimiento de toda una estrella entre el público, K se adelantó y dijo: "Encantada" y le estrechó la mano. Ya ahí no me controlé para descojonarme... Habíamos conocido a toda una celebridad. Y por si fuera poco, DJ Pika La Marinera del Puerto quiso que K la agregara al Facebook, ante lo cual dijo: "Déjame tu teléfono". K, obediente, se lo dio mientras yo miraba impactado: ¡se lo dio así porque sí! Le apuntó su nombre y K, obviamente... nunca la agregó.
El último de los días que saldría sería La Noche de los Superhéroes, en la que me sorprendí de encontrar a Batman y así poder ir juntos como el terror de los malos. Para cubrirnos estaban SuperEstefa y Patrirra (o Zorritri, o simplemente Patri la Zorra) y Letpainter, que aunque no iba de superhéroe nos pintaba los desconchados. Fue, cómo no, otra gran noche, la última de fiestas carnavaleras por este año para mí, en la que acabé de after con Dhav en un arrebato de surrealismo.
En realidad me hubiera gustado añadir fotos y más cosas, pero una de las bases de este blog es no poner imágenes de gente conocida. Ya he roto la regla una vez, y no me gustaría volver a hacerlo, así que esta entrada se quedará corta, pero intensa.
Porque los que allí estuvieron saben de sobra lo bien que lo pasé.
Y las que fueron a despedirme al aeropuerto, aún más...
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