martes, 29 de marzo de 2011

Update 2.0

Como si de un Service Pack de Windows 7 se tratara (prometo que será la última vez que hable de Windows...) aquí estoy para contar un poco de lo que he hecho y pensado últimamente. Para aquello a los que mi vida les interese, claro. Sin embargo, antes de empezar me gustaría que me hicieran un favor: pinchen en el siguiente link, carguen el vídeo, y cuando esté completo pónganlo y vuelvan aquí. Así escucharán lo que yo escucho en este preciso momento. 


¿Ya? Pues empezamos.

Hoy, día 29 de marzo, he ido a consultar documentos al Archivo de Indias. "Uuuuh" - pensarán - "eso es TAN emocionante....". Lo es si te gustan estas cosas, y a mí me gustan. Así que lo pasé bien, y cuando pasas varios controles y te registras y haces todo el trámite, te sientes como todo un señor importante, de esos que llevan chaqueta y fuman en pipa. Estuve toda la mañana allí, ante ese pedazo de caja que tiene el inocuo nombre de "legajo" pero que en realidad es un pedazo de carpeta. No quiero tampoco contar aquí los pormenores de lo que allí estuve haciendo, porque sería un poco... demasiado propio. Como si el blog de un arquitecto tuviera que hablar de columnas. Como no es el caso, cambiaré de tema.

Estas últimas dos semanas han sido como... no sé, como jugar a las damas conmigo mismo. Y no quiero decir que fuera a locales de señoritas de moral distraída, sino que he estado luchando contra mí mismo. Hace una semana exactamente estaba en lo que podríamos decir una bajona, que yo defino como un momento en el que el balance entre el bien y el mal de tu cuerpo se desequilibra. Un momento en que se piensa más de la cuenta, se dice menos de la cuenta, y nadie paga la cuenta. Fueron unos días en que, de nuevo, me recordaron lo que significa estancarse, lo que significa no ser independiente emocionalmente, y lo que significa no querer que nadie me hablara para simplemente no tener que esforzarme en ser agradable. Total, serlo normalmente no me ha servido de mucho, ¿no?

No puedo hacer un balance real de lo que me pasó, porque no quiero nombrar a personas concretas, pero creo que a nadie le es extraño el sentimiento de destierro. De no pertenecer, de ser una pieza de otro puzzle. Aquellos momentos en que realmente lo percibes, en que, en cualquier situación piensas "¿qué hago yo aquí?", son inflexiones. Tras ello, o cambias o mueres. Eso fue exactamente lo que me pasó, porque ese lunes pasado sólo pude decirme a mí mismo que había llegado a lo más bajo. Que estaba solo. En ese momento preciso en que se pulsa el interruptor y la idea recorre el cuerpo, dan ganas de salir corriendo, de mandar a la mierda a todo el mundo y volar, de escapar y no volver nunca, pero casi al mismo tiempo te reprimes porque sabes que eso es imposible. Es lo que me toca vivir, es lo que tengo que sobrellevar. Es mi sino. No quiero decir con esto que no tenga amigos, porque probablemente éstos se podrían sentir ofendidos, pero sí que ellos aparecen un 0'01% del tiempo que vivo, teniendo en cuenta que por lo menos otro 80% lo paso en las clases y pasillos de mi facultad. Tienen vidas, también. En esos días, lunes y martes, no hice nada más allá de lo necesario para sobrevivir, y pasé el tiempo en el departamento abstraido en el trabajo. En el tiempo que caminé intenté separar cada sonido de la música que escuchaba para así ocuparme, y en cierto modo funcionó. El problema era al girar el pomo de la puerta de entrada a mi casa, cuando estaba desnudo de mis muros.

Siempre he sentido que soy diferente. No en un sentido de orgullo, ni de superioridad o desdén. Simplemente es un convencimiento: en algo soy diferente, y mis veintiún años aún no han sabido decirme en qué. En algunas etapas me he sentido integrado, engranaje, parte, como esos primeros años de universidad. En otras he estado casi en un mundo paralelo. Pero ahora estoy aquí. Busco un hueco en un mundo ya creado. Soy nuevo, no soy de aquí: soy más diferente que nunca. Quizás es idiota repasar una a una todas las cosas que guardo contra "mi" clase, porque realmente no me importan. Importa más el conjunto, lo que se desprende de ello, y no es nada bueno. El curso pasado me comparaba yo con una silla. Cierto es que este año no he dejado que vuelva a ocurrir, porque este año yo mismo me he hecho invisible, sin intervención de nadie. Más vale una medida como esa a tiempo, que otro año excluido. Y ya que excluyen, mejor hacerlo yo antes.

Veo que me estoy liando. No era mi intención. Es solo que quiero transmitir eso que pasa por la mente en un solo segundo, esa sensación que te embarga, ese sentimiento de nadie te vería aunque estuvieras gritando por los pasillos. Dura eso, un segundo, dos, un día, dos, y se va. Porque pasan cosas nuevas, porque no puedes aguantar tanto tiempo sin poder dormir. Porque desbloqueo el móvil y veo tu foto, porque hablo contigo. La vida da una de cal y otra de arena, y lo que pasó entre el lunes y el martes se compensó en los siguientes días con apariciones "estelares" y una mayor vida social. A todos los que lo hicieron posible, gracias.

Tuve, además, una conversación muy interesante el martes, y... ¿con quién si no? Caos es mi proveedor oficial de momentos intensos, así que estuvimos hablando sobre el futuro. El cercano, el medio, el lejano: todo el futuro en sí. En aquellos momentos me pareció maravilloso que alguien pudiera siquiera pensar en vivir conmigo. Aún lo pienso y me sorprendo por ello. No será fácil, y hay muchas cosas que han de ocurrir, pero... a veces la sola intención basta para que te hagan sonreir. Y así fue.

Lo siento por aquel o aquella que haya empezado a leer esperando algo quizás más entretenido, o quizás menos filosófico, pero en la naturaleza del blog está el ser desahogo y válvula de escape a nuestros pensamientos. Siempre he dicho que escribo mejor que hablo, y miren que escribo mal, así que esta vez les toca aguantarme. O no leerme. Dicen por ahí que una buena terapia es escribir lo que uno odia, teme o no le gusta de su vida y quemarlo después. En este caso no lo haré, que bastante caro me salió el portátil.

The Killers - Human

Let me know if your heart's still beating

Por supuesto que sí. ¿Alguien lo duda?

miércoles, 9 de marzo de 2011

Carnaval, te quiero

Ponte tu mejor disfraz y entra en el Carnaval,
es para tí, venga ya...

Aunque pasen los años, oir estas palabras hace que te venga algo a la mente, una emoción que no se puede controlar, una alegría que te desborda: es el Carnaval. Este año los exámenes me dejaron volver, y no desaproveché la oportunidad. Volví a casa por Carnaval, 

a cantar, a bailar y a reír
Y nunca mejor dicho.

Desde que se fue quien todos sabemos, decidí volver. Desde antes quería hacerlo, pero quizás fue esta situación desanimante y triste en cierto sentido la que me hizo decidirme, comprar el billete y olvidar el resto. Y desde Sevilla empecé a planear junto con mis amigos los disfraces, los complementos, ... me encantó hacerlo así. Estuve varios días buscando en las tiendas de Sevilla (que por cierto, no valen para estas cosas) hasta que lo tuve todo, o casi todo. Eran tres disfraces escogidos con cuidado, y que luego resultaron ser los apropiados. En menos de lo que esperaba quedaba una semana para volver, y en menos aún estaba terminando de hacer la maleta. El momento había llegado. Por fin.

Había hecho una lista de cosas que necesitaba: antifaz negro, pajarita, gafas, camiseta verde, gorra verde, medias... Las medias ya las había conseguido (aunque eran un poco finas), pero el resto de cosas no las tenía aún, y me iba en un par de días. Así que aproveché esos largos ratos entre clases para ir al centro y buscarlas. Como diría Bon Jovi, it is now or never, así que lo intenté conseguir todo, y casi tengo éxito. Descubrí pronto que el antifaz no me quedaba bien (la napia no tenía cabida), y que las gorras verdes no abundan. Pero el resto de cosas sí que las pude encontrar. Así que fue a clase, encontrándome con una compañera al entrar en la facultad que me preguntó qué me había comprado:


- Pues... un antifaz, una pajarita, unas gafas grandes, una camiseta verde...

Me miró asombrada, pero se mantuvo en silencio. Para evitar que me ignorara por el resto de mis días, me vi obligado a explicárselo. Visiblemente más tranquila, se despidió de mi y pude ir a clase tranquilamente. No sé si ella tendrá el mismo concepto de mí de ahora en adelante, pero realmente me da igual.

Tras los típicos agobios por llegar a tiempo al aeropuerto, me vi en cola para facturar y encontré los primeros signos de mi destino: gente disfrazada. Un par de animador@s estaban por allí, dando el cante entre tanto soso. Aquello ganaba por momentos.


En el avión todo el mundo iba más que dispuesto al Carnaval... volvía a casa. Después de un par de horas, llegué y allí estaban mis padres y el pequeño bicho que tengo por hermano menor. El plan era sencillo: volver, cenar, salir. Me bullía la sangre.

Una de las cosas maravillosas de volver al hogar es la cuestión gastronómica. Soy de gustos sencillos, y una tortilla y unas croquetas me devuelven el optimismo. Así fue, y empecé a prepararme con toda la alegría del mundo. Las gafas, la pajarita, los tirantes... Con esas pintas salí yo de mi casa para inaugurar la primera noche: La Noche de los Empollones Repelentes. No voy a entrar a valorar si yo de antes ya me parecía a mi personaje, como medio mundo piensa, pero el caso es que todos coincidieron en que iba bastante auténtico. Además, todos íbamos iguales, así que estábamos perfectos y preparados para darlo todo. Fue una noche sin incidentes (salvo cuando un coyo me intentó quitar las gafas...¬¬) en la que hubo muy buen rollo por parte de casi todo el mundo. Éramos los empollones más molones del Parque Santa Catalina.

Pero aquella no fue la última noche. No. Faltaban dos, así que al día siguiente salí con mi madre en busca de la gorra verde y una camiseta de manga larga, porque Luigi era el siguiente. Era La Noche de Supermario Bros. Fue una gran noche también, aunque el hecho de llegar después de la Cabalgata hacía que estuviera todo el mundo hecho polvo antes de empezar (menos nosotros, claro). Una de las mejores cosas fue jugar a la Wii en casa de Patri con el juego de baile, dándolo todo con aquellas pintas... Y hay que recordar un momento que fue mítico, y que dio pie a toda una serie de frases que han pasado a formar parte de nuestro vocabulario habitual. Estábamos nosotros junto a un grupo de mariner@s, cuando una de ellas comenzó a hablar conmigo y con K. Le prestó su gorrito, y quiso también que se pusiera su peluca (a lo que K, obviamente, se negó... qué asco!) y entonces...

K (a mí, por lo bajo): ¡Oh Dios! ¿Quién ha abierto las puertas de Mordor?
Yo: (muerte por risa)
Chica en cuestión: Perdona, ¿se están riendo de mí?
Ambos: No, no por Dios...

Poco después, esta chica dijo: "¿les gusta el house?" a lo que K contestó: "Bueno, lo típico, alguna canción y tal...". Entonces, ella hizo LA pregunta:

Chica:  ¿Conocen a DJ Pika?
Ambos: Ehm... no.
K: Pero Pika... ¿de Pikachu? (tono de coña)
Chica: Sí (con seriedad)
Ambos: (Poker face)
Chica: Pues soy yo.

Entonces, ante el descubrimiento de toda una estrella entre el público, K se adelantó y dijo: "Encantada" y le estrechó la mano. Ya ahí no me controlé para descojonarme... Habíamos conocido a toda una celebridad. Y por si fuera poco, DJ Pika La Marinera del Puerto quiso que K la agregara al Facebook, ante lo cual dijo: "Déjame tu teléfono". K, obediente, se lo dio mientras yo miraba impactado: ¡se lo dio así porque sí! Le apuntó su nombre y K, obviamente... nunca la agregó.

El último de los días que saldría sería La Noche de los Superhéroes, en la que me sorprendí de encontrar a Batman y así poder ir juntos como el terror de los malos. Para cubrirnos estaban SuperEstefa y Patrirra (o Zorritri, o simplemente Patri la Zorra) y Letpainter, que aunque no iba de superhéroe nos pintaba los desconchados. Fue, cómo no, otra gran noche, la última de fiestas carnavaleras por este año para mí, en la que acabé de after con Dhav en un arrebato de surrealismo.

En realidad me hubiera gustado añadir fotos y más cosas, pero una de las bases de este blog es no poner imágenes de gente conocida. Ya he roto la regla una vez, y no me gustaría volver a hacerlo, así que esta entrada se quedará corta, pero intensa.

Porque los que allí estuvieron saben de sobra lo bien que lo pasé.

Y las que fueron a despedirme al aeropuerto, aún más...

jueves, 3 de marzo de 2011

Lencería fina

Qué sugerente me ha salido el título... pienso mientras reviso esta entrada. No porque me haya quedado más picante de lo normal (nada más alejado de la realidad, yo soy la castidad pura en persona) sino porque igual hace que más de uno pique en el enlace sólo por ver algo que tenga que ver conmigo y con algún artículo de lingerie. Siento decepcionarles. Dejaré para el final ese escabroso episodio, y me centraré en el pasado fin de semana (puente en tierras andaluzas por eso del día de Andalucía y olé), cuando fui a Zafra e intenté - sólo intenté - ir a Mérida en compañía de Mo. 

Todo comenzó un día, hace tiempo, en que The Canary y yo decidimos ir a Lisboa en el susodicho puente. En vista de las circunstancias, el plan fue mutando, y cual Pokemon evolucionado, pasó de Portugal a Barcelona, pasando por Madrid. Finalmente, Zafra y Mérida fueron la mejor opción, así que allí me dirigí el sábado. Salía desde Plaza de Armas a las cuatro de la tarde, y desde las tres estaba allí para comprar el billete, con tan mala suerte que la ventanilla de la compañía (LEDA, mardita) abría a las tres y media. Relajadamente me puse a esperar... cuando para mi sorpresa, en una centésima de segundo, se formó una cola inciada por un señor de la quinta edad que decidió que esperaría de pie, pero el primero. Eso me obligó a levantarme y colocarme en la cola ante la ventanilla cerrada, lo cual consideré completamente inútil.

Y empezó el viaje, partiendo de Sevilla en un día soleado. Me puse las gafas de sol, feliz de poder usarlas, y puse mi música a todo trapo. Después de una hora de pasar por interminables campos de olivos y de otros cultivos, pensé: "qué cultivada Extremadura". Sin embargo, poco después vi un cartel que decía: "Provincia de Huelva". OH-MY-GOD...

 No me habían dicho lo lejos que estaba. Atravesamos unos cuantos pueblos mientras mi tensión iba en aumento: ¿Y si me equivocaba de parada? De repente, al llegar a uno de los pueblos, se empezó a bajar gente y el conductor dijo: "Los que vayan a adsoijdsfosfdhusdf, asodasidufdshifuhsdf y Badajoz pasen al otro autobús". No tenía un traductor chófer-castellano, así que me quedé sentado sin saber muy bien qué hacer, cabróndemierda.

Al final, por suerte, no hubo problema y llegué vivo a Zafra, donde estaban Mo y su hermano esperándome. Todo había salido, por el momento, perfectamente. Fuimos a ver el pueblo, no sin antes comprar los billetes para Mérida para la mañana siguiente. Había que madrugar para ello, algo que me dolió en los redentros, pero claro, cuando uno hace turismo hay que hacer algunos sacrificios. Es muy bonito Zafra, tiene muchos edificios imponentes, palacios e iglesias. Hacía un poco de frío, pero nada insoportable. Hicimos un tour rápido (antes de que se hiciera de noche) antes de ir a tomar algo. Todo auguraba un fin se semana completo. Pero no fue así.

 Nos levantamos temprano, muy temprano, y tuvimos que salir corriendo para llegar a la hora a la que salía la guagua de la estación. Pero no había guagua alguna. Visiblemente mosqueados, esperamos unos diez minutos, hasta que apareció una guagua de ALSA con destino al Norte del país, a la que se subieron unos cuantos pasajeros, que el conductor distribuyó según destino. Cuando ésta hubo partido, nos dimos cuenta de que ya hacía un buen rato que deberíamos haber salido de Zafra. Mo fue entonces a preguntar a la ventanilla de la compañía cuál era el problema. Y el problema, señores, es que tendríamos que haber subido en la guagua de ALSA. Sí, debíamos haber intuído que aquella era la nuestra, sin que nadie nos avisara de nada. Para mayor cabreo, la de la ventanilla nos trató como a inútiles ignorantes (zorra). Con un cabreo considerable (Mo más que yo, que a esas horas de la mañana no tenía energía para mosquearme), volvimos para su casa con la sensación esa de idiotez encima que se te queda cuando has estado a un metro y medio de la guagua que tendríamos que haber cogido. Además, no podíamos cambiarlo, porque entonces no llegaríamos a Zafra a tiempo y perderíamos la vuelta a Sevilla. La vida era asquerosamente injusta.

Cuando volvimos, decidimos seguir visitando Zafra, ahora con mayor tranquilidad, ir a ver a la abuela de Mo y, de paso, buscar algunos complementos carnavalescos que aún me faltaban. Constaté que no podría conseguir ni antifaz ni pajarita, así que sólo podía optar a conseguir las medias. Dejamos eso para el final, ya que era la operación más complicada. No podíamos ir a una tienda de disfraces y pedirlas, porque no las tenían. Teníamos que ir a una tienda de lencería, y para ello, debíamos tener un plan.

Mo: Hola, venía buscando unas medias gruesas, lo más claras que tenga.
Dependiente: Claro, una M como para tí, ¿no?
Mo: No, no, grandes...
(Yo con mirada al techo)
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Dependiente: ¿Este color está bien?
Mo: (a mí) ¿Tú crees que son éstas? ¿Son las que LE hacen falta?
Yo: Sí, yo creo que son ésas.
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Yo: Pago yo y luego arreglamos, ¿no?
Mo: Sí, sí, ya arreglamos luego.

Fuimos el colmo de la discreción. Guardé rápidamente las medias en la mochila y partimos hacia el Parador de Turismo, sintiéndonos como 007: espías, discretos y glamurosos comprando lencería fina.

El Parador es un antiguo alcázar, y la verdad es que es precioso. Dan ganas de decir esa típica frase de "¡Oh! Cuando sea rico iré de Paradores". Dimos una vuelta por el lugar, acompañados por los padres de Mo y haciendo fotos por todas partes. Después de ello, y teniendo en cuenta que cambiamos los billetes para volver antes a Sevilla (total, ya que Mérida no pudo ser...), nos fuimos a la estación y volvimos.

 Queríamos hacer algo en Sevilla, teniendo en cuenta que era día de fiesta, pero no lo teníamos muy claro, así que primero fuimos a mi piso a comer y deliberar. Al final, tras comer migas extremeñas (gracias, Mo's mother) decidimos ir al río a tirarnos y jugar a las cartas. E, Mo y yo fuimos bajo el sol a estar allí toda la tarde... y fue genial. El día estaba precioso, cálido, y luminoso. Era genial ver Sevilla así tras tanto tiempo de oscuridad. Y bueno, como salir con E es hacer un book, aproveché e hice unas cuantas fotos más.

A pesar de todo, no salió tan mal. No llegó a ser frustrante, porque cambiamos una cosa por otra... y bueno, cambiamos columnas romanas por barcas del Guadalquivir. Estoy seguro que más de un lugareño dirá que no hay cosa más bonita. Claro que hay, pero no fue un mal cambio después de todo.


Y tenía las medias en la mochila. 10/10