domingo, 27 de febrero de 2011

Does your mother know?

Aquí estamos de nuevo, para ponerles al día de mis andanzas sevillanas, sevillenses o simplemente andanzas. Puede parecer que no, pero es increíble la capacidad que tiene la luz solar para hacernos cambiar el estado (de ánimo, no de Facebook). Hace como cinco días salí de clase a las dos de la tarde y... ¡Sol! ¡Luz! Me quedé quieto observando, por si era un espejismo, pero no, ahí estaba ese cielo despejado y ese calorcillo sin igual. Y sin querer, sonreía. No es que me haya pasado desde entonces riéndome por la calle cual descojonado de la vida/paciente psiquiátrico, pero sí que uno tiende un poco más al optimismo, sobre todo cuando tiene que buscar en los cajones para sacar eso que uno pensaba no volver a utilizar: las gafas de sol.

En este estado de embobecimiento solar me encontraba cuando, el martes, fui a trabajar al departamento. Allí me encontraba yo, sentado en el escritorio, cuando viene una profesora con semblante preocupado:

- Teseo, ¿tienes un momento? Tengo que hablar contigo.

Allí fui yo, raudo y veloz, mientras los pelos del cuello se me transformaban en púas de cactus.Y lo que me dijo no es que cambiara mi vida, pero le añadió una emoción digna de la ducha del Bates Motel. Como tenía que ir al médico y no encontraba sustituto... yo debía dar su clase práctica. Una lámina de transcripción en letra cortesana. Supongo que mi cara de aquellos momentos fue una Poker Face en toda regla, tal como esta que se puede observar.

Entonces, tras reponerme, le dije que sí, sin realmente pensarlo, pero ... No se podía decir que no, ¿verdad? Para añadir tensión y llegar a niveles de fusión del núcleo, me dijo que aún no había decidido qué lámina utilizaría, así que podría tenerla... ¡¡dos horas antes de la clase!! Pero, como se dice por estos lares: CHALLENGE ACCEPTED. Menudo desafío. Dar una clase (por práctica que fuera, era una clase) en la universidad casi sin poder prepararla. Menos mal que lucía el sol.

Y el día D llegó. La clase empezaba a las 13'00, pero tenía otras desde las 8'00. Había quedado a las 12'00 con A.n para ir a desayunar y luego ir juntos a la clase. Conseguí la lámina y al verla, hubo en mí una mezcla entre alivio y tensión: no era difícil, pero tampoco era fácil. Me fui corriendo al departamento a transcribirla yo primero. Cuando terminé, había algunos huecos que no fui capaz de cubrir, y gracias a que estaba mi jefe en el departamento y unas amigas suyas, que en un momento me dijeron en qué libro estaba transcrita. Así que, con la verdad fotocopiada, me dirigí al encuentro de A.n mientras pensaba en las diferentes formas de explicar cómo es la cortesana. Tensión 60%.

Fuimos al césped, al sol, para tomar algo mientras hablábamos de diversas cuestiones. Se acercaba el momento y ya tenía una estrategia en mente. Fuimos hacia la clase. Tensión 80%.

Curioso fue ver las caras que iban poniendo los que se iban enterando de que yo daría la clase. Alguna sorpresa, alguna sospecha... Repartí fotocopias sin decir nada, y cuando terminé empecé a explicar cómo se haría la práctica (grupos, etc.). Pero desde que vi sus caras al observar la lámina, me di cuenta de que había un error muy grande: era demasiado difícil. Para gente que lo más antiguo que habían visto en cuanto a escritura era una carta de su abuela, plantarles delante aquello era como aprender castellano con Góngora. Así que les recordé las normas de transcripción y dejé que pensaran un poco, antes de llenar la pizarra con las letras más usuales y algunas abreviaturas. No les podía decir más, porque si no... ¿qué gracia tendría entregar a la profesora algo que está bien pero que no se comprende? Frases como "no entiendo nada", "no veo nada", "¡¡Ahhh!!" y demás se multiplicaron por el lugar... y no dejaba de ser desesperante. Tensión 110%.

Yo, en mi ilusión, pensaba que no se tardaría mucho en hacer... pero el tiempo pasaba y aquello no avanzaba. Añadí más cosas en la pizarra, al límite de lo que podía decir, y resolvía algunas dudas puntuales. Suerte que había un par de ellos que sí se enteraban del asunto, y tiraron un poco hacia delante. Hubo, sin embargo, momentos simpáticos tales como:

- Perdona, ¿Aquí pone "Andorra"?
- ... Ehm... pone "estamos".
- ¡Uy, casi!

Ya quedaba una media hora para acabar, se unificaron los grupos y pasaron a limpio las transcripciones, algunas con tanto hueco en blanco que parecían poemas. Las recogí, me disculpé por no poder solucionarles la lámina, y ahí parecía que había acabado todo. Pero no era cierto, porque al día siguiente había clase de nuevo con la profesora...

Y así fue como me di cuenta de eso que en la mítica canción de Abba se decía tan bien:

I can see what you want
But you seem pretty young to be searching for that kind of fun
So maybe I'm not the one

En clase al siguiente día asistí a la destrucción de lo que yo había intentado transmitir. No sólo no recordaban haber visto la mitad de las cosas que les dije, sino que parece que no quedó claro si yo les expliqué algo. Explicó de nuevo la profesora la forma de las letras, y copiaban con el mismo entusiasmo con el que habían copiado lo que yo había puesto, que era LO MISMO. Como no está bien eso de levantarse y empezar a pegarle al personal, me quedé donde estaba, intentando olvidarlo pero con algo claro en la cabeza: no es justo del todo. No creo que lo hiciera tan mal, y a partir de ahora está claro que no "quedé bien" de cara a volver a hacerlo. Era una buena oportunidad, me gustó la experiencia y creo que es algo bueno hacerlo aunque sea antes de tiempo. Pero ahí esta el problema: quizás es demasiado pronto. En la misma canción de antes también se dice:

Does your mother know that you're out?

Tristemente parece que no me toca jugar en este campo... aún.

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