domingo, 27 de noviembre de 2011

La Gran Aventura (parte 3): Camel crossing

Ahora si que paso de notas informativas. Si has llegado hasta aqui, es que me toleras lo suficiente como para perdonarme.

Ciertas fuentes (mi hermano) han sugerido que acorte la longitud de las entradas, para asi no cansar al publico u obligarle a cerrar la pagina al ver tanta letra. Panico al texto, le llaman. Ciertamente la anterior fue una entrada larga, pero claro, pasan tantas cosas que no puedo resumirlas. En fin, tratare de hacer una entrada centrada basicamente en el dia y medio que pase en el desierto.

Nos dirigimos tempranamente desde Abu Dhabi a Madinat Zayed, enclave donde se encuentra el actual trabajo de Caos. No muy lejos de alli, en el desierto propiamente dicho, se encuentra un hotel: el Tilal Liwa. Antes de llegar, mientras ibamos por la carretera, pasamos por un circuito de carreras de camellos. Si, sennores, carreras de camellos. Alli estaban en pleno entrenamiento, y fuera de el, porque pasaban por la carretera. Fue un momento de lo mas etnico. Pasado el safari, llegamos al hotel en si, y la verdad es que era (es) impresionante. No porque sea un gran edificio, sino porque lo que se veia por las ventanas era el sinfin de la arena. Desde el balcon del vestibulo se veia la piscina y mas alla la 'puerta al desierto', un gran hueco que daba al infinito.

Desayunamos acto seguido, o mas bien desayune yo porque Caos no tenia tiempo y tenia que ir a trabajar, y porque habia que pagarlo. Asi que por un modico precio de 20 E aproximadamente pude desayunar tranquilamente, aunque vigilado de cerca por una de las camareras que para mi siempre sera 'la zorra', de mirada de reptil. Luego volvi a la habitacion para descansar un poco porque, sencillamente, era demasiado temprano. Tras volver a ser persona, sali a explorar un poco a la terraza del hotel, mientras se me hacia la hora de que Caos volviera de la obra para comer juntos (Importante! Las fotos las ire annadiendo poco a poco desde que vuelva, no desesperen!). Igual si las moscas no hubieran intentado ser mis amigas habria sido aun mas agradable, pero valio mucho la pena mirar fijamente a la quietud de la arena durante unos minutos, camara en mano. Tras comer, minimacrosiesta y vuelta a la inspeccion ocular del lugar, que incluyo uno de los momentos mas bonitos del viaje: sali por una salida de emergencia y me fui al desierto. Para no extenderme y perder fans, dire que fue magico caminar por alli (aunque siempre mirando la arena, que uno no se fia de lo que puede haber ahi debajo). Esperaba ver un atardecer digno de Lawrence de Arabia, pero se me quedo en dunas de Corralejo, porque las nubes me taparon el sol. Hice lo que pude con la camara, y me quede un ratito disfrutando del entorno. Aquella noche fue de beber alguna copa que otra tranquilamente en el bar del hotel, sin mayor complicacion y con mucha, mucha tranquilidad. 

El dia siguiente se presentaba minimamente intrigante. Tenia que desayunar hipertemprano para que Caos pudiera ir a trabajar, para luego antes de las doce abandonar la habitacion, quedarme en el hotel con las maletas y luego irnos a Dubai (pasando de nuevo por Abu Dhabi para coger lo necesario). Quizas lo mas importante a mencionar es que fui yo el que conduje el coche para llevar a Caos hasta su puesto de trabajo y el que le fue a buscar despues. Dadas mis capacidades como conductor en este pais, estaba bastante tenso. Cuando volvi de ir a llevarle, dadas las horas tempranas en que ocurrio, me equivoque de camino en dos ocasiones, teniendo que dar la vuelta en medio de una carretera mientras un sennor con cuatro camellos me miraba sin entender. En el siguiente trayecto, un poco mas confiado, puse tambien el iPod, asi que iba escuchando a toda leche 'Stereo Hearts' (gracias, KL) por esas carreteras deserticas del mundo.Pongan la cancion un momento e imaginenme gritando al volante. Se sentiran magicamente transportados a mi experiencia.


Y oyendo musica, y tras esperar hora y media por Caos en el construction site, pusimos rumbo a Dubai. 

En conclusion, me quede sin poder hacerle una foto a la sennal de 'Precaucion: camellos' porque otros sennores circulaban por la carretera; gane un +2 en  habilidades de conduccion; estuve propiamente en el desierto; no escribo mas porque el show business ha ganado la batalla a la creatividad.

Y cambie 20 euros. Que todo son experiencias, oiga.

jueves, 24 de noviembre de 2011

La Gran Aventura (parte 2): Turismo de GPS

Nota reloaded: Para aquellos que empiezan a leer por aqui o para los puristas, reitero mis disculpas ortograficas provocadas por el teclado. Dejarme ya!

Yo ya sabia antes de venirme a Abu Dhabi que Caos iba a alquilar un coche, en parte para que yo pudiera cogerlo en el tiempo que el estuviera trabajando. La idea, en si misma, no me resultaba descabellada: simplemente me resultaba una locura. En un pais tan lejano y tan diferente, eso de estar yo con el coche por ahi me resultaba una mision un tanto kamikaze. Pero desde el momento en que recogimos el coche la misma noche en que llegue, y vi que era grande, que era bonito y que ademas era automatico empece a dudar. Nunca habia cogido un coche automatico, asi que todo eran novedades. Ademas, nuestro querido amigo el GPS estaba para ayudarme a no perderme por esos mundos de Ala. Por ello, cuando me levante por la mannana, puse al dia a mis padres por Whatsapp (que grande es esta aplicacion), me duche y me empece a sentir persona decidi que algo tendria que hacer. No iba a estar todo el dia en la casa aspiradora en mano cual 'I want to break free - Emirates Edition'. No, ese no iba a ser yo. Hay que tener valentia, arrojo y determinacion, y fue por ello que sali y entre a la casa dos veces antes de decidirme a montarme en el coche. El objetivo, esta vez, era la mezquita Sheikh Zayed, la tercera mas grande del mundo y una de las mas lujosas. Busque bien en el GPS y me dispuse a salir del aparcamiento del complejo donde vive Caos. Parecia sencillo, dos posiciones: adelante y atras. El resto era cosa mia. Asi que arranque y me dispuse a conducir rumbo a lo desconocido, guiado por la ortopedica voz de Garmin, el GPS.

Es cierto eso de que en casi todos los lugares (menos en lugares donde conducen al reves, como todos sabemos) se conduce de la misma forma, porque las sennales y la forma de las carreteras son las mismas. Pero eso es algo que nos decimos para autoconvencernos de que no vamos a morir en una autovia de los Emiratos Arabes. Ya Caos me habia advertido de que en este pais la gente conduce de manera... digamos... briosa. Energica. A toda hostia, vamos. Entre esa multitud de Jaguar, Porsche, Ferrari y demas que me iba rodeando, mi Corolla automatico guiado por Garmin desmerecia un poco, y yo me sentia ligeramente acorralado. Tras ser adelantado por la derecha, por la izquierda y por el arcen (seguramente tambien me adelantaron por arriba, pero llegado el momento ya yo estaba curado de espanto) me sentia un poco mas integrado en la carretera y capaz de llegar a la mezquita en cuestion, que se alzaba majestuosa en la distancia. Todo parecia perfecto hasta que me salte la entrada por la que tenia que ir, y Garmin se vengo diciendo: RECALCULANDO... Un sudor frio comenzo a bajar por mi frente mientras seguia hacia delante intentando no morir. Cuando Mrs. G. consiguio por fin idear una forma de sacarme de alli, segui sus instrucciones al pie de la letra y llegue por fin al parking de la mezquita, todo entero para mi porque habia poca gente. Aparque y me quede dentro del coche un par de minutos, asimilando que habia ganado annos de vida y que habia subido un +5 en mi nivel de independencia. Y la verdad es que habia valido la pena el esfuerzo.

La mezquita es increible. Tanto de lejos como de cerca da la impresion de que no es real, de que no hay algo que pueda ser tan, pero tan blanco y brillante y perfecto. Y enorme, porque es dificil de abarcar con la mirada. Saque la camara y ejerci como turista de primer nivel (porque tenia las llaves de un coche en el bolsillo, eso sube mucho el cache) mientras me acercaba a la entrada, donde habia mas turistas como yo, aunque de peor nivel porque llegaron en guagua (Ja! Inutiles!). La visita guiada comenzaba a las 5, y como aun eran las cuatro y pocos minutos, me dedique a pasear y hacer fotos y recupera el pulso normal tras las emociones del rato anterior. Aquello era impresionante: un edificio completo hecho de marmol blanco e incrustaciones de marmoles de otros colores formando dibujos de flores. Los remates de los minaretes de oro, y segun aprendi despues, con unas ochenta cupulas. Previsoramente, habia cogido un jersey en casa de Caos por si me exigian no llevar manga larga para entrar. El pantalon largo y la ausencia de transparencias (UH! Si, tuve que dejar el vaporoso lino en casa) ya los cumplia, pero dudaba en la cuestion de la manga. Por suerte, dado el calor agradable-tirando-a-semifuerte del exterior, no tuve que ponerme el jersey. Llegue al lugar de inicio del tour, y vi que el sennor que nos iba a hacer la visita era un local. Un emirati. Y eso me extranno, porque como ya he comentado, esta gente es rica y generalmente trabajan poco (no por vaguedad, sino porque muchos de ellos no necesitan trabajar, o cobran un paro de varios bastantes miles de dolares al mes). Este sennor, que como ya he descrito iba de blanco a juego con su mezquita y con el pannuelo tambien blanco para no desentonar, era Ahmed. Asi que el guia Ahmed y los pocos que seguiamos la visita nos dirigimos hacia las entrannas de aquel gigante.

Ahmed era un personaje curioso. Es de estas personas (que por aqui abundan) que sonrien mucho aunque esten hablando del Holocausto. Esa sonrisa, que basculaba entre burlona y segura, a veces daba la impresion de que no acompannaba a sus palabras. Es decir, que probablemente nuestro querido Ahmed no se creia la mitad de lo que estaba diciendo. Y si se lo creia, al menos se lo tomaba con humor. Y no lo digo porque yo tenga prejuicios religiosos extremos, pero si el guia de una mezquita como aquella habla de su fundador (que fue emir y el hacedor de los Emiratos Arabes Unidos tal y como se conocen hoy en dia hace cuarenta annos) y dice que eran tan bueno, tan bueno pero tan bueno que daba dinero y ayudas al resto de paises por amor al arte, uno sospecha. Que igual el sennor era una estupenda persona, pero de ahi a la Madre Teresa, va un trecho. Ademas, justo despues de decir lo desinteresado de su aportacion al mundo moderno en que vivimos, annadio la procedencia de todos los tipos de marmoles que conforman la mezquita: Italia, Grecia, China... Asi que sospeche aun mas, pero mantuve mi discreto gesto de asentimiento sin que se me notaran mis tribulaciones internas. Despues de esto, nuestro amigo Ahmed paso a describirnos el templo como un lugar para todas las culturas y religiones al que podia acudir cualquiera en busca de estudio o debate. Ahi ya... no voy a decir que me parecio un poco tomadura de pelo, porque todo es posible, pero creo que se me quedo cara de 'claaaaaro.....' con una ceja (la izquierda) levantada en gesto de duda. La sennora croata que tuvo que ponerse una tunica y niqab negro que la tapaba entera tambien sospecho. Lo note en sus ojos. Dudas aparte, el edificio es digno de verse, porque en su interior tiene varias lamparas de varias toneladas de peso y totalmente de cristal de diferentes colores, ademas de cupulas inmensas y alfombras iranies. Era como para quedarse en extasis un rato. Para no agobiar con detalles arquitectonicos, baste decir que me gusto mucho y que mis calcetines con rayas celestes no resultaron demasiado cantosos entre la multitud. Y tras oir como nuestro guia (turistico, que no espiritual) explicaba la separacion entre hombres y mujeres dentro de la mezquita diciendo que 'si estuvieran juntos, si una mujer viniera maquillada y guapa, los hombres no pondrian atencion a lo que el encargado de la lectura esta diciendo', decidi que habia escuchado suficiente. Cinco minutos despues, me situaba de nuevo en el patio de entrada, poniendome los zapatos y disponiendome a volver al complejo de Caos. Atardecia, y me entro panico al pensar en conducir de noche.

Por suerte y salvo alguna pifiada sin demasiada importancia, llegue al sitio en cuestion, pero me encontre con una sorpresa: el guarda de seguridad. Este es un sennor de procedencia mas bien hindu que guarda el complejo y controla la entrada y salida de coches. Asi que cuando me aproxime a la entrada, me desvio del paso para 'check', suponia yo que para preguntarme que a que casa iba. Eso fue lo primero que dije, pero su respuesta fue aun mejor: 'Pero... tienes carnet?'. Todo mi glamour, toda mi clase, cache y distincion que habia derrochado durante la tarde se estrellaron contra Garmin en ese momento. Sin embargo, como soy todo un sennor, no deje que se trasluciera, asi que sonrei y meti la mano en el bolsillo para sacar el carnet. Ante tal accion, Guarda 1 dijo 'Que edad tienes?' y ya termino de joder lo que habia empezado. Eso si, me libro de hacer el baile de la serpiente tuerta en el coche para sacarme el carnet del bolsillo, porque me creyo y me dijo que siguiera adelante. No iba a librarme de esta maldicion ni en la otra punta del mundo. Aparque y llegue a casa de Caos, donde por fin pude relajarme, y donde espere hasta que este llegara un par de horas mas tarde. Mientras, cuando aun tenia un vaso de zumo de mango, que mas que zumo era el mango sin piel, tocaron en la puerta. Suavemente, solo con los nudillos. Toda la tension acumulada volvio a mi, y tembloroso me acerque a la puerta, que no tenia mirilla. Al abrirla veo tres perchas con sus camisas envueltas en plastico a la altura de mi cara. Tras estas, un sennor que parecia indio. Bajito, sonriente, feliz ante la vida. Dado que casi me habia incrustado las perchas en la cara, las cogi, y el sennor hindu replico diciendome cuanto costaba el servicio de lavanderia que me estaba entregando. Sudores frios. Intente explicarle que yo no tenia dinero (cierto, no tenia un dirham... me hacia ilu decir eso!) y que el duenno de la casa no estaba. Comprensivo, y sin quitar la sonrisa, me dijo que daba igual, que ya arreglarian Caos y el. Eso me hizo sentir mal, porque hacer venir al pobre hombre para que se vaya sin cobrar me parecio de capullo. Pero las circunstancias eran las que eran, asi que me quede con las camisas y el indio sin cobrar. Encima, como las puertas de las casas se dejan abiertas en sitios y zonas residenciales como esta, me quede tenso esperando por si volvia para vengarse. Por suerte, no lo hizo.
Lo que ocurrio un par de horas despues derrocho clase. Yo no, la situacion. A Caos se le habia ocurrido la idea de ir a cenar a un japones en la Corniche de Abu Dhabi, que es como decir el paseo maritimo pero en version cool y con rascacielos. De noche es muy bonito, con todas esas luces y los edificio modernos y de formas cuanto menos curiosas. En primer lugar, paramos para visitar el Emirates Palace, el hotel de construccion mas caro del mundo, que por fuera parece un palacio, tal como su nombre indica. Yo, que iba vulgar con unos vaqueros y una camiseta, me senti inferior ante tanta riqueza, pero entre con toda la dignidad para echar un vistazo y hacer fotos. Y no solo las hice, sino que ademas dimos una vuelta por una especie de galeria donde tenian expuestas antiguedades a la venta: egipcias, griegas, romanas, chinas, mesoamericanas... Piezas que algunos museos estarian muy contentos de tener. Entre eso, la musica en directo y el cajero que emite oro en lingotes, aquello era muy llamativo. Fuimos luego a cenar, resultando que el restaurante japones era el restaurante del Hilton Abu Dhabi. Ahi es nada. Cuando vi que era asi, le recrimine a Caos que no me hubiera avisado, porque ahora si que me sentia mal por estar alli sin arreglar. Cuando, ademas, paramos el coche y un sennor vino a llevarselo para aparcarlo, ya yo estaba entre reirme o quedarme en el coche. Decidi lo primero, porque nunca me habia pasado algo asi. Fuimos al restaurante, que era muy bonito y muy bueno ademas, comiendo lo que se come en estos lugares: crudezas varias y buenas, aunque el no encontrarme a Paris en su propio hotel fue toda una tristeza. El sennor del coche nos lo trajo de vuelta y me abrieron la puerta para que entrara, y mientras entraba yo decia: 'Esto es muy fuerte...muy fuerte!!'.

El dia siguiente se presentaba importante, porque como ya habia perdido el miedo al coche y mas o menos sabia que me podia encontrar en esos lugares perdidos del mundo, podia ir mas lejos y mas cerca de la ciudad en si. Asi que decidi ir a la Corniche de nuevo, pero esta vez de dia y yo solo. Tras levantarme, ducha, comer, familia, fotos, Facebook y la primera entrada de este viaje, decidi ponerme en marcha siendo consciente de que era un poco tarde y se me haria de noche a la vuelta. Eran las cinco. 
Antes de salir propiamente de esos chaleses (chalenes o simplemente casas grandes) donde Caos reside, me aguardaba una sorpresa. El sennor guarda de la puerta, ese que el dia anterior habia caido en lo mas profundo de mi odio interno, era todo simpatia. Me hizo bajar la ventanilla del copiloto para preguntarme si habia tenido un buen dia. Me senti sucio y despreciable por haberle odiado, pero no pude dejar de pensar que lo hacia para ganarse mi afecto. Asi que, neutro cual PH, le conteste y sali de alli.

Garmin, que de nuevo estaba ahi para ayudar, empezo a llevarme al centro. La tragedia se fraguaba en el ambiente mientras yo flipaba con el trafico. A medida que me iba acercando me di cuenta de que habia lo que se conoce como un atasco considerable. Y cuando ya estaba en esas calles de cuatro carriles por sentido y rascacielos, me senti como en Nueva York, pero en version El Cairo. Una fusion fria y calida entre el lujo y la depredacion al volante que me empezaron a acojonar. Entonces ocurrio lo peor: Mrs.G., mi querida Garmin, quedo fuera de combate. Le colocaron trampas en forma de obras que no pudo sortear. Estaba solo a mi suerte en esa gran ciudad canibal mientras los cuatro carriles se convertian en seis y luego en cuatro al antojo de los conductores. Tragedias, tragedias everywhere. Fui entonces consciente de varias verdades: 1) No iba a encontrar lugar para aparcar en aquel sitio/ 2) Estaba cabreado/ 3) Aquello era demasiado para mi vida. Con todo esto en mente, mientras mi boca de forma independiente soltaba diversos improperios en forma de insultos desgarrados, empece a buscar la salida. A cualquier sitio, como si era al mar, pero salida. Pero esta estaba ausente, encontrando en su lugar una carretera que me sonaba de algo. Como en una revelacion, comprendi que ya habia estado alli el dia anterior, asi que en cuanto tuve que parar el coche en un semaforo, le pedi a Garmin que me llevara de vuelta a casa. No a casa casa, no seamos ilusos, pero si al complejo residencial de Caos. Y asi lo hizo, llenandome de orgullo y satisfaccion y demas sensaciones de alivio. Aparque como sin pensar, y al entrar en la casa pense: para excursiones asi, mejor que venga el Sennor y me lleve.

Y fue Caos, y no el Sennor, el que me llevo. A un lugar completamente diferente. 

martes, 22 de noviembre de 2011

La Gran Aventura (parte 1): Across the universe

Nota previa: Antes de ser calificado como ignorante o simplemente pasota, informo de que desde este teclado no se pueden colocar tildes, asi como tampoco escribir nuestra adorada letra con linea superior: la ennnnnne o egggne o como sea. Yo utilizare doble N. Le da un toque mediterraneo. Tampoco podre poner la interrogacion inicial. Espero poder corregir todo esto al llegar a EspaNNa, si no me detiene antes la Inquisicion... porque la han vuelto a instaurar, no?

Fue complicado venirme de viaje sin sentirme culpable, estresado, o ambas cosas. Hay demasiado haciendose y por hacer como para simplemente olvidarlo y coger el avion. He hecho lo posible por arreglarlo o por posponerlo, y asi espero ir sobreviviendo.

Escribo ahora desde Abu Dhabi, pero ... como llegue hasta aqui? Todo comenzo el pasado domingo dia 20 a las cinco menos cuarto de la mannana, cuando el despertador sono y yo abri el ojo que habia cerrado poco tiempo antes. Me levante mientras observaba la lluvia caer a traves de lo empannado de mi ventana, suplicando a Thor que parara aquello para poder llegar al taxi sin ahogarme. Baje la maleta y espere a que llegar el taxi refugiado en el portal, mientras veia mi vaho y me salpicaban algunas gotas de lluvia. Me meti corriendo en el taxi, tanto que le deje la maleta al taxista para que la colocara en el portabultos mientras yo me metia en el coche. Es que tenia los pelos bien puestos, no lo iba a arruinar al minuto uno. Llegue a la estacion de trenes de Santa Justa, y claro, al llegar tan pronto estaba cerrada. Alli estuve durante quince minutos congelandome hasta que las puertas se abrieron solas cual dia de rebajas y los que estabamos esperando entramos con desesperacion. Me sente a esperar en un banco, mientras engannosas imagenes de croasanes y napolitanas revoloteaban por mi mente. Por la mente, porque alli no estaban abiertos ni los bannos. Y cuando lo hicieron, aparecieron ocho policias nacionales y entraron todos a la vez en el banno. Para que, no lo se. Y prefiero seguir sin saberlo. 

Iba yo en el AVE ya sin sintomas de congelacion y bastante espabilado para ser las siete y pico de la mannana. Dado que no tenia nada mas interesante que hacer hasta llegar a Madrid, y dado tambien que aun era de noche, saque mis maravillosas laminas y me puse a transcribir. Primero con energia, luego con cabreo, por ultimo con asco. Pero deje medio terminado el primer encargo. Algo es algo. Mientras, utilizaba el Whatsapp de vez en cuando e iba escuchando musica, todo para evitar dormirme, y tambien para que se hiciera mas llevadero. Era solo la primera parada de un gran viaje. 

Llegue a Madrid, y ya puse el pie en Atocha con un cierto acojono. Habia preguntado formas de llegar al aeropuerto, y gracias a Mariano (es una nueva regla de la RAE, ahora cuando vas a decir Dios, dices Mariano XD) hay un nuevo Cercanias que te lleva a la T4 (bendito Twitter lleno de benditas personas que lo saben todo). Todo felicidad, busque la maquina para comprar el billete y llegue al anden. No me habia perdido, y eso en mi es todo un hito. Me baje en el aeropuerto y la primera mision fue buscar el mostrador de la compannia, teniendo claro que Royal Jornanian no es Iberia, y que probablemente estuviera a tomar por saco de cualquier cosa conocida. Y asi fue, por lo que tuve que caminar y subir y bajar varias escaleras hasta llegar alli. Saque mis tarjetas de embarque, y como no tengo escote no pude ponermelas en el entreteto, guardandomelas en la mochila. Seguridad ante todo. Di otra vuelta al mundo para llegar al control, el cual paso tras un cierto tiempo (bastante) de cola, y luego llego la repanocha de los transportes. Tenia que llegar al "satelite" de la T4, lo cual es un buen nombre porque esta mas o menos a la misma distancia que hay entre la Tierra y la Luna. Cuando encontre la puerta, respire aliviado. Ahora si que comienza lo grande. 

Antes de todo esto, cuando mi billete solo era un email entre tantos otros en mi bandeja de entrada, pensaba con cierto desden que la compannia Royal Jornanian iba a ser de esas... digamos que no de primera linea. En realidad no me importaba, pero si que me preguntaba como seria, y que clase de cosas me iba a encontrar a bordo. Sin embargo, me lleve una grata sorpresa al comprobar que era todo lo que las compannias espannolas no son: amables, simpaticos, serviciales, te dan de comer, te dan de beber, te invitan a cafe o te tienen pantallas individuales en las que puede elegir ver entre unas 25 peliculas, que puedes parar, pausar, dar hacia delante, hacia atras... un lujo, vamos. Asi que, cuando me cerciore de que no habia que pagar por ello (tipica actitud hispanica) me dedique a ver El Origen del Planeta de los Simios. Como un sennor. Entre eso y el pollo al curry y el te que me tome, todo iba perfectamente. Hasta que llegue a Jordania. 

En la mente colectiva, Jordania es un pais lleno de Ranias y Abdulas, donde todo es bonito y la maravillosa Petra esta a cinco minutos. Nada mas lejos. Igual influyo el hecho de que estuviera cayendo el diluvio universal (o de Oriente Medio) para minar mi primera impresion, pero es que cuando abrieron las puertas del avion y nos dejaron en el ultimo rincon de la pista esperando por la guagua para que nos llevara al aeropuerto, empece a pensar mal. Mientras me mojaba hasta las enaguas (seguro que me las habria mojado si las hubiera llevado puestas) pensaba en la calida bienvenida que me daba el pais: un frio de cojones y una tormenta. Eran todos buenos augurios. Una vez llegamos al aeropuerto confirme que ya no estabamos en Europa. No lo digo por una cuestion de racismo, ni mucho menos. Simplemente es que aquello era como para perderse. Segui los carteles que decian "Transit" para enlazar con el otro vuelo, y me encuentro a un sennor, local o no, que me ladro que le ensennara la tarjeta de embarque. No me respondio cuando le pregunte donde era la puerta de embarque. Segui caminando hasta otro sennor que dijo algo mas, pero que no alcance a entender. Y este es uno de los problemas que he tenido: el linguistico. No porque me hablaran en arabe, sino porque cuando hablaban en ingles yo no sabia si me hablaban en arabe. Asi las cosas, es comprensible que no entendiera al jordano y llegara a una especie de recibidor lleno de gente que parecia estar de acampada en el aeropuerto. Alli, en poco mas de veinte metros habia un KFC, un Pizza Hut y un Burguer King, ademas de un puesto de perritos y una tienda de revistas locales. En torno a los establecimientos, tanto en sillas como en bancos como en el suelo, habia una multitud de gente. Y no parecia haber turistas, o al menos gente perdida como era mi caso. Vi un control de seguridad y le pregunte al sennor (Jordano 3) que donde era mi puerta. Contesto, sin mirarme a la cara, que aun no podia pasar el control y que ya me llamarian para entrar. Supuse entonces que tendria que esperar a la megafonia, o mirar los paneles. La opcion B la pude descartar rapido, porque los vuelos que mostraba eran de por la mannana. La opcion A fue valida hasta que me di cuenta de que no se oia nada. No llamaban para otros vuelos. Justo en el momento en que pensaba enfrentarme a Jordano 3 de nuevo, un sennor se planta enfrente del KFC y empieza a gritar "ABU DHABI!!!!! DUBAI!!!!!!". Eso era exactamente ser llamado. Pase el control y fui a la sala de espera, hasta que llamaron para el vuelo. De nuevo nos mandaron a coger la guagua bajo la lluvia, y de nuevo nos llevaron a mitad de ninguna parte para que nos subieramos al avion. He de mencionar que en este momento caia un monzon tropical de grado 8, por lo que en el trayecto guagua-escalerilla-avion chorreaba agua por todas partes. Si a eso annadimos al sennor que me pego un empujon para meter a su sennora esposa primero, el cual casi hace que me caiga por las escaleras, este pequenno trayecto fue una gran experiencia. 

Desde Amman hasta Abu Dhabi transcurrieron dos horas y medias en las que intente ver la ultima de Transformers pero tuve que abandonarla porque me aburrio exageradamente. Asi que me puse a transcribir de nuevo, adelantando otra parte. Este ultimo viaje ya era como de regalo, ya no sentia nada, ni cansancio ni energia. Solo estaba alli sentado. Ademas, el hecho de que se aumentaran horas al ir acercandome cada vez mas hizo que me diera la sensacion de que llevaba dias viajando. Y en eso estaba reflexionando cuando llegue a Abu Dhabi. Mientras el avion bajaba, vi edificios de las formas mas curiosas, iluminados tambien con originalidad: un inmenso edificio en forma de T con una iluminacion violeta junto a un muelle deportivo me llamo mucho la atencion. Resulta que era el hotel del Yas Marina, circuito de F1. Aterrizamos, y como corresponde a un pais glamuroso como este, no tuvimos que bajarnos a coger guagua alguna. Fuimos directos al aeropuerto, que me sorprendio por ser casi completamente blanco. Blanco puro, inmaculado y asqueroso, como diria Josema Yuste. Pase el control de pasaportes donde tuve un primer contacto directo con los locales, los emiratis. Van vestidos completamente de blanco, con una tunica (llevaran algo debajo? me pregunto) y con un pannuelo en la cabeza sujetado por una tira enrollada de tela tambien, pero negra normalmente.Bajo el pannuelo, iban perfectamente afeitados, y todo en ellos me dio la sensacion de pulcritud. Pero al llegar al mostrador otra cosa me sorprendio: su actitud. No es que fueran desagradables o arrogantes, pero algo en ellos daba la impresion de que son conscientes de su poder, de su riqueza. Mientras me sellaban el pasaporte y una camara detectaba mi cara, lo veia en cierto modo condescendiente. Y luego sali, por fin, al exterior, donde Caos me esperaba cafe de Starbucks en mano. 

Habia llegado, por fin. Sano, salvo y muy cansado.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Fusa, mon amour (II)

Bien. Me siento satisfecho por haber llegado hasta aquí. En serio. Aunque lo que haya escrito sea nada más que mi pequeña historia, está bien contarla en orden, con calma. Y ahora falta la segunda parte, esa más interna, más intensa, más profunda... ESA parte. 

Hoy es domingo, así que según todos los cálculos en una semana estaré en un avión rumbo a Jordania. No porque vaya a tomar el té con Rania (la avisé por Facebook pero estará en la pelu) sino porque es la escala que tendré que hacer para llegar a Abu Dhabi. Ya era hora, tocaba una visita. Una visita oficial que si bien será cuidadosa y recatada, será visita. Espero no ser el único que lo necesita. 

La perspectiva de ir tan lejos siempre ilusiona, aunque ir a Oriente Medio no sea el sueño de mi vida. Viajar solo hasta allí, hacer escala en otro país, enseñar el pasaporte... Esas cosas que te hacen pensar que eres mayor pero que en el fondo mola. Pero para que no me emocione demasiado, para que las cosas no parezcan demasiado perfectas, tengo un examen antes, y otro durante. Para el de antes ya estoy estudiando, aunque cuesta eso de arrancar. Para el otro... estoy en negociaciones. Este tipo de viajes son los de 'una-vez-en-la-vida'. Además, algo me dice que 'tengo' que ir. Espero que estos argumentos convenzan al personal... tengo esperanzas. 

Y la verdad es que no tengo nada preparado, aunque tampoco es que haya mucho que preparar. Entre el máster, inglés, los encargos de transcripciones y el mero hecho de existir, no tengo lo que se dice mucho tiempo. Más bien ninguno. Tanto es así que aún no he comprado el blue-tack (dícese de esa cosa azul que se usa para pegar cosas) para poder poner mis fotos en la pared. Tengo las paredes extrañamente blancas y lisas, y eso no me gusta. Tengo, decía, que preparar un examen doble, ir a muchas e intensas clases, preparar las clases de inglés, ir a las mismas, ir preparando toda la ropa del viaje, reunirme con los profesores para lo del examen que me saltaré, ... Ocio puro. 

A pesar de todo, de toda esa actividad, de todas esas horas ocupadas en escribir, leer, escribir y volver a leer, tengo tiempo para pensar. Tiempo para estar cansado, internamente, para sentirme harto, para recogerme a mí mismo y colocarme en el carril que me corresponde. Para dudar. Es en esos momentos cuando veo que nada ha cambiado. Nada. Con esa perspectiva incierta del futuro que desanima, que desgasta. 

Y luego recibo fotos de Fusa y me echo a reír. Tan pequeña y tan grande. 

Fusa, mon amour. 

Fusa, mon amour (I)

Llegados a este punto en que ya da igual actualizar cada semana, cada mes, o quizás nunca, he considerado y tenido a bien volver a escribir aquí. No por esa obligación cansina de tener siempre algo que contar, sino porque creo que podría ser interesante volver a contar. Volver a escribir lo que de otra forma se quedaría para mí y se perdería algún día en que mi cerebro decida hacer limpieza.

Han pasado muchas cosas desde Agosto hasta el día de hoy. Como siempre, parece que tengo la capacidad de que me pase de todo y, además, en el menor tiempo posible. Pasé de celebrar mi vigésimosegundo cumpleaños a estar en El Puerto de Santa María, a estar en Suecia, a estar en Mairena del Aljarafe, estudiar para el último examen de la carrera, volver a casa, volver a Sevilla, buscar piso, no encontrarlo, encontrarlo, preparar los papeles del máster, empezar el máster, irme a Abu Dhabi en una semana...

Era una grandísima perspectiva ir a Suecia. Era algo que me hacía mucha ilusión, y durante años había dicho (medio en serio, medio en broma) que algún día viviría en un país nórdico, aunque sólo fuera por unos meses. Además, ir con Caos mejoraba aún más el plan. Solos, verdaderamente solos por primera vez. Y la verdad es que fue genial: me encantó la compañía, el país, la compañía (¿lo había dicho ya?)... disfrutaba de todo eso mientras intentaba alejar de mi mente que tenía un examen poco después, el último de mi carrera. Eso le confería el título de 'más importante' aunque no lo fuera, y lo ponía en el pedestal de las cosas difíciles de conseguir. Es por ello que cuando me bajé del avión y me di cuenta de lo que se me venía encima noté una opresión particular, que con conseguía quitarme de la cabeza. 

Preparé el examen en casi dos semanas. Dos semanas en las que me recluí y me dediqué a ello de forma intensiva, aunque como suele ocurrir en estos casos fueron realmente los últimos días los realmente decisivos. El día llegó, entregué el examen y me sentí más ligero. En el fondo de mí sabía que había aprobado, si bien necesitaba una confirmación para poder estar tranquilo del todo. Con esa sensación agridulce volví a casa (ya había perdido la cuenta de la cantidad de aviones que había cogido en el último mes) y estuve tranquilo. Tranquilo casi totalmente, pero sin nada que hacer. Fue como un brusco parón que me sentó tanto bien como mal, y que me hizo sentir incluso inútil por eso de que llevo muy mal la falta de actividad. Y un día llegó. La noticia definitiva que esperaba nervioso. Había terminado la carrera, había terminado algo, por fin, en mi vida. 

Una vez conseguido ese objetivo, quedaba el máster. Con el consiguiente problema de inscripción por ineptitud del sistema al poner fechas, tuve que volverme a Sevilla antes de tiempo para arreglar todos los papeles. Así que volví y lo arreglé, con esa sensación de que siempre consigo algo para luego estar al límite y tener que solucionarlo muy rápidamente. Al mismo tiempo, además, tenía que buscar un sitio donde vivir, y a ello también me dediqué intensamente, encontrando ya cuando pensé que sería imposible el piso desde el que escribo. Por fin lo tenía todo, por fin podía empezar... 

viernes, 12 de agosto de 2011

Bulletproof

Y no aprendo. Me aplaudiré a mi mismo el día en que sea capaz de actualizar varias veces al mes de forma ordenada. Pero, mientras tanto, me digo a mi mismo: BUUUU!! y así queda más realista. Hoy es 11 de agosto, y el 16 vuelvo a Sevilla. Lo digo así, por eso de actualizar a los que no lo sabían ya, para que quede claro el motivo por el cual escribo: ya queda poco. Poco para mi cumple, poco para irme, poco para irme aún más lejos, poco para acabar (de una vez) la carrera, poco para el máster... Todo viene rodando a toda velocidad por la montaña, y cual Indy en el templo tengo que escapar, o sucumbir. 

Como de sucumbir no va la cosa, sino más bien de lo contrario, pues hay que tirar del carro una vez más. O tirarme a mí mismo del carro, no lo tengo muy claro. El caso es que estas vacaciones han sido cortas, mucho. Pero ahora vienen otras más, separadas pero no por ello peores, ni mucho menos. Quién mejor que Caos para que esté conmigo (¡por fin!) durante dos semanas, después de tres meses de pantalla y ratón. Por ello siento esos nervios de la expectación. Y al mismo tiempo, el examen que me acecha. Y al mismo tiempo, mi cumpleaños, que pre-celebraré el domingo, pero también el lunes. Parece que en cualquier momento voy a salir corriendo por la playa en bolas gritando y agitando las manos "¡¡AAAAAAAAAAAA!!". Sería curioso. 

Cosas curiosas, inciertas, falsas, verdaderas, elegantes, emotivas, profundas, divertidas... de todo ha pasado en tan poco tiempo, empezando por la orla, celebrada justo el día después de mi llegada, y en la cual canté junto a KL. ¡Qué mal/buen momento! Nunca pensé que podría hacerlo, independientemente del resultado. Simplemente lo hicimos, con muy, muy poco tiempo pero con muchas ganas. Puede que aún no sea un señor licenciado (de esos a los que después llaman LISENSIAAAAAADO!! y queda tan bien), pero fue genial pasar ese momento con la gente que de verdad me importaba. Saben de sobra lo agradecido que estoy. 

Por otra parte, hoy fui de compras con mi madre, pero en plan secreto porque si yo me enterara de lo que compré se me chafaría el ... uy, demasiado tarde. Pero es que no tenemos tiempo, así que todo se justifica. Además, sirvió para vivir una "divertida" escena que fue la siguiente: 

Lugar: tienda de deportes

Dependienta: Hola, ¿les puedo ayudar en algo?
Madre: Estabamos mirando las mochilas...
Dependienta: ¿Para tí? (señalándome) 
Yo: Sí
Dependienta: ¿Y a qué curso vas, del instituto?

Madre & hijo: WTF????

Como me quedé en shock, fue mi madre la que, descojonándose, aclaró la cuestión, mientras yo solo acertaba a decir que casi había terminado la carrera. Fue un momento agónico en el que vi que mi vida no tenía sentido y que estudiar la carrera me había servido para limpiarme el culo. Pero bueno, volví en mi (y en sí y en fa) y pude seguir sin necesidad de un bypass. 

Y así las cosas, creo que no queda más remedio que terminar esta entrada nombrando a la nueva adquisición que ha llegado a mi vida: el Iphone. Ya las redes sociales han sido testigo de mi euforia, pero quiero reiterar una vez más mi agradecimiento a Caos (que en Oriente estoy seguro que habría sido llamado Sol Reluciente de las Arenas Desérticas) y a mis señores progenitores por haber llegado a la conclusión de que querían regalármelo. Esos emails Abu Dhabi-Las Palmas GC fueron efectivos. Además, un par de noches antes de que llegara, tuve una extraña revelación por la cual supe que mi iPhone tendría nombre: Blaine. Así que GRACIAS por hacer que Blaine llegue a mi vida.

Todo esto simplemente para explicar el motivo por el cual estoy medio histérico y al mismo tiempo cansado, eufórico y al mismo tiempo melancólico... no es porque le esté dando al valium con redbull o porque esnife gofio ni nada de eso. Son demasiadas cosas a tener en cuenta y muy pocos días. ¿Todo para el final? Sí, bueno... llamémoslo X. 


lunes, 20 de junio de 2011

Reflexiones americanas

Esta entrada tiene el típico título nombre+adjetivo que yo suelo odiar: reflexiones americanas, guarreridas españolas... No es de buen gusto. Pero bueno, se me perdona por eso de estar estudiando cual perra moribunda luchando por sobrevivir. 

Casi nadie lo ve, pero cuando me meto en Twitter (unas 14 horas al día, pero oye, que lo dejo abierto y estudio) me sale una vena creativa inaudita y suelto grandes perlas que no son apreciadas por los editores, porque si no, ya me habrían publicado un libro: "Twitéame - Manu sin censura" o algo así, para que tenga gancho. Y mientras mi talento se desperdicia por las redes sociales (o es aprovechado por una mínima parte de personas que en el fondo - de un pozo - me aprecian) yo estudio. Para sobrevivir, por eso de que ya después de cinco años eres como los leones: o matas o mueres. Así que me pinté eso de "Nasío pa matá" en la frente y me lancé sin paracaidas, y estaré en caída libre hasta el día 7. Y no suelo tener vértigo, pero la perspectiva acojona. 

¿Dónde quedó - dirán - ese chico que escribe con sensibilidad y buenas palabras y hermosas metáforas? Lo siento, queridos míos, pero a estas alturas mi retórica anda más muerta que Michael Jackson (queda más glamuroso nombrarlo a él), por lo que todo lo escribo tal cual, en esos diez-quince-veinte minutos de "pre-estudio" que paso en la biblioteca aún despertándome y con mi termo (cortesía de Caos) de Starbucks. Dormido, sí, pero con estilo. 

Acabo de acompañar a Mo a la copistería, y me he dado cuenta de lo asquerosamente amargada que puede ser la gente. La copistera (por decir algo) es de esas mujeres que aparentan juventud pero que en su interior llevan a la vieja de Los Otros, traje de comunión incluído. De esas a las que les preguntas la hora y te escupen, o les pides un paquete de folios y te fulminan con la mirada. Igual no es feliz con su trabajo. La verdad es que yo ahora con el mío tampoco, pero no maltrato a la gente con mi mirar. Qué reflexivo soy. Lo que sea por no estudiar Historia de América, esa asignatura que, como ya le dije a mi hermano, me interesa tanto como un coito entre marsopas. Siento ser tan claro, pero a estas alturas de la vida, para qué esconderse. 

Y hace escasos, escasísimos momentos, me he enterado de que Pats es licenciada... ¡¡Felicidades!! Te lo mereces mucho. Empezamos juntos hace ya cinco años y espero que acabemos al menos en el mismo año. Tiene que ser genial la sensación de haber terminado algo, por fin, aunque sea para seguir estudiando. Espero que lo celebre como se merece, pero no demasiado para que le queden ganas para cuando yo vaya. Porque ese día... el mundo se acabará, y sólo quedarán seres resacosos que no podrán dar dos pasos sin caerse. 

Hay que añadir, además, que hoy hago, hacemos, un año y dos meses. No hace falta decir de qué, bastante lo saben quienes deben saberlo. Cierto que la mayoría del tiempo no ha sido en la misma ciudad (o país) pero ha pasado ya un año y dos meses desde aquella noche en la Feria de Abril... (ahora es cuando suena la guitarra y empiezo a cantar flamenco de manera desgarrada). De aquel 20 de abril de 2010 en que las cosas cambiaron, quizás para siempre. 

He reflexionado. He pensado. He perdido veinte minutos y me alegro de ello: de vez en cuando vale la pena escribir chorradas, y no hablo de apuntes. De vez en cuando hay que dejar que las independencias de todos y cada uno de los países de América te resbalen por la ... piel, y que la mente vuele: al miércoles, al día 8, al 9... al 16 de agosto. Que vuele, muy alto, para que por unos segundos se olvide de lo que tiene delante. 

Felicidades, Patri. Felicidades, Caos. 

Felicidades, Simón Bolívar. Has conseguido que me cague en tu puta madre. 

domingo, 5 de junio de 2011

Días de cleenex

No es que haya pasado 24 horas en cama, no... es que han sido casi 48. Así soy de arriesgado y temerario, desafiando las leyes de la vida estudiantil de junio. Pero es que mi garganta manda, y ha mandado reposo. Así que para complacerla, he estado estáticamente tumbado viendo la vida pasar, mientras mi temperatura corporal oscilaba cual detector de radiación en algunos pepinos. 

He tenido ganas de escribir, pero no sé exactamente el qué, porque no he hecho nada digno del interés de nadie, ni siquiera del mío. Pero he sentido "esa llamada", el momento en que entras en Blogger inconscientemente mientras piensas en el título de una entrada: ¿"Días de cleenex"? ¡Crear! Y ahora habrá que llenarla, supongo, poner algo que suene bien o sea interesante.  Y mis mocos sobre papel blanco no entran en esa categoría. Quizás un par de frases enigmáticas...

He perdido la voz esta semana, pero la recuperé en un momento...

He perdido la poca fe que me quedaba en esta ciudad...

¿Así está bien? ¿He creado algo de intriga? Quizás todo se resuma en que poco a poco vuelvo a ser optimista. Y en que poco a poco falta menos para volver. 

Les dejo con una canción de esas que podemos llamar "especiales". De esas que oigo mil veces y sigue estremeciéndome. 


Por suerte sigue existiendo gente que puede cantar esta letra y no sentirse avergonzados.

martes, 31 de mayo de 2011

El eterno "casi"

Me planteaba, mientras llegaba a casa desde la universidad, que si hay una palabra que me define en estos momentos, es "casi": casi independiente, casi licenciado, casi imberbe, casi ignorante... Ese quiero y no puedo me acompaña día a día, sobre todo en esta época en que parece que todo se va a acabar, cuando realmente no ha hecho más que empezar. 

¿La carrera? ¿Realmente crees que cuando la termines serás alguien? ¿Te llamarán? ¿Tendrás trabajo? La respuesta es no, y todos lo sabemos, pero nos empeñamos en decir que es el final de un viaje. Y no lo veo así. Hace cinco años era una persona tan diferente que no se puede decir que haya sido un progreso, sino una ruptura. Todo cambió al venir aquí, así que se puede decir que he hecho dos cosas diferentes, dos carreras, dos vidas... 

Y dije por alguna red social eso de que "estoy haciendo el que probablemente sea mi último trabajo de la carrera". ¿Último? ¿Eso existe? Será uno más, de todos los que habrá que hacer, de todas las miles de cosas que habrá que hacer para ser alguien en esta vida. Quizás lo que habría que plantearse es si estoy o estamos dispuestos a sacrificarnos así. A estar años haciendo lo mismo pero de diferente forma, a no estar nunca conforme pero nunca tener nada... A ser un "casi". 

Puede ser que épocas como ésta nos dejen más bajos de moral, y por eso reflexionemos más. Puede ser. Pero esto no es nuevo. Es sólo algo que está ahí, presente, constante, que me acompaña y que cada mañana hace que me pregunte: ¿eres feliz con lo que haces?

Y no sé qué responder. 

lunes, 23 de mayo de 2011

Gaviotas sobre el mar

Qué barbaridad. Parece ser que mi anterior diseño del blog caducó (como los yogures) y ahora tengo que cambiarlo por otro mucho menos... elegante. Con ello esta página ha perdido un +2 de impacto. Pero como lo supuesta importante es el contenido, intentaré mantenerlo al mismo nivel que siempre.

Antes del 22M había vida sobre este planeta. Sí, hubo un 21M, 20M... y así hasta más de un mes atrás que fue mi última publicación, sobre el libro de mi amado Sherlock. Ha llovido mucho desde entonces (y estando aquí en Sevilla, donde últimamente las lluvias se asemejan al Amazonas, es literal), y no puedo dejar de hacer una entrada-resumen sobre ello. Por otra cosa no, pero intenso ha sido, y mucho. 

Este último mes se ha caracterizado por la abundancia de eventos sociales. Por una parte, mi casa se convirtió en templo hospitalario/ caladero de piratas/ hostal en general por cuarta y quinta vez consecutivas. Y eso es siempre bienvenido, aunque perjudique a la vida estudiantil (o colabore a su desarrollo máximo, dependiendo de cómo se mire). Todos necesitamos nuestros momentos de introspección, pero está claro que un poco de cachondeo de vez en cuando no viene mal. Y así fue como fui visitado por Ana y Bea, y posteriormente por Davinia (Davisui, Davilei... múltiple ella).

Sin embargo, me doy cuenta de que no escribo desde antes de Semana Santa... qué lejos queda eso. Fue genial estar de nuevo en casa, como siempre es volver. Eso sí, creo que mi hígado no opina lo mismo. Para el recuerdo quedan las marchas por la cara, de esas improvisadas y en apariencia horribles que sin embargo son las mejores. Y poco después llegaron las primeras visitas: Ana y Bea, y qué decir que ellas no sepan: fue muy divertido tenerlas aquí, lo pasamos genial, sobre todo por eso que llaman Feria de Abril. Y ya se sabe lo peligroso que puede ser el rebujito a raudales... Y poquito, muy poquito después, apareció Davinia a pasar también unos días aquí. Nunca cantar "Oops I did it again" fue tan divertido.

Lo sé, no estoy ahondando en ningún tema en concreto... pero ¿qué esperaban? Estoy de exámenes y trabajos hasta arriba y esto lo estoy escribiendo mientras me baja un poco la comida, así que tampoco tengo mucho tiempo.

Y ocurrió algo especial. Caos volvió, aunque sólo temporalmente. Aunque sólo por una semana, volvió desde tan lejos y, por supuesto, yo estuve con él. Y ¿qué decir que no sea obvio? Era lo que deseaba desde hace casi tres meses. Fue difícil ser del todo feliz sabiendo que se acabaría en unos días, pero la vida hay veces que se comporta así: te da pequeñas satisfacciones para que no desfallezcas del todo. Sabia, podría decirse. Injusta, digo yo. Siento no estar más inspirado hoy, pero es que llevo miles, muchos miles de palabras escritas en pocos días, y a estas alturas (que es sólo el principio) parece que ya no sé ni escribir. Me quedo con muchos momentos que guardar en la lista de Grandes Momentos Vividos.

Respecto a los últimos tiempos, volver a la vida real fue duro. Me llevé un par de palos de los que tuve que reponerme pronto en la universidad, ese sitio donde parece que no pasa nada pero te repente te pasa la guadaña por el pescuezo. He tenido que hacer un doble esfuerzo, y aún estoy corriendo para llegar a un tren que parece que se me escapa. Hay días en que, sinceramente, todo pasa a ser relativo y se me acaba la energía. Pero hay que ir hacia delante, y acabar lo que he empezado. Como bien me han dicho ya, me lo he buscado.


Y así llegué yo al 22M. No voy a escribir sobre lo maravilloso de la experiencia del 15M o de las concentraciones en diferentes plazas de España, porque casi no las he vivido. Y me da rabia no haberlo hecho. Es necesario un cambio, es vital, y por ello mando todo mi apoyo a los que lo están haciendo posible. Ya di lo poco que pude en la visita a la concentración de Sevilla, donde me impresionó la implicación total de sus participantes y la colaboración de la propia ciudad para que aquello fuera posible. Vi, además, el vídeo del aplauso silencioso, y vi también en directo el minuto de silencio la medianoche del día 22. Y ha sido una de las cosas más emocionantes que he visto jamás. En días así uno se siente orgulloso de ser humano, y de vivir en sociedad. Queda un largo camino aún, porque las elecciones nos han dado en la cara. Espero estar ya fuera de España el año que viene, cuando sobrevengan las generales, pero por si no es así, ayudaré en lo que pueda.


Dijo V: "Justicia, igualdad y libertad son algo más que palabras: son metas."

Cambiemos el mundo. Aún estamos a tiempo.

sábado, 9 de abril de 2011

The Holmes Affair - Graham Moore

Hoy toca hacer una entrada atípica en este mi blog. Están acostumbrados a mis andanzas andaluzas y a momentos profundos y/o filosóficos, lo sé, pero uno puede ponerse formal de vez en cuando. Y por una buena causa. Los que me conocen saben que Sherlock Holmes es uno de los pocos ídolos que tengo, por muy ficticio que sea (uno de los pocos libros que me traje a Sevilla es la edición completa de sus historias). Me gusta pensar que podría haber existido, como muchos en su momento pensaron realmente. Aunque nunca hayan leído una de sus historias, saben quién es. Se lo pueden imaginar con su sombrero, su pipa, sus drogas y su violín. Y el a veces torpe pero encantador Watson siempre a su lado. Infinidad de películas, libros, documentales, pinturas, esculturas se han hecho sobre su figura o como homenaje a ella. Sin embargo, llegó por casualidad este libro a mis manos, en un día en que fui con A.n a curiosear a FNAC y no pude resistir la tentación. Y qué libro. No puedo sino quitarme el sombrero (y la pipa) ante él.


Al mismo tiempo se nos planean dos historias: una en torno a 1900, y otra en 2010. La primera se corresponde con la vida de Sir Arthur Conan Doyle, creador del maestro, y sus diversas aventuras; la segunda con un congreso de estudiosos de Holmes en Nueva York y la llegada a éste de un nuevo miembro. Al mismo tiempo, en ambos tiempos, un asesinato irrumpe en las vidas de los protagonistas, que desearán, en un momento o en otro, ser Sherlock Holmes.

Sin ánimo de contar de qué va el libro, me quiero centrar en el centro del mismo, en el motor que hace que gire la historia: uno de los diarios de Doyle. Sir Arthur era de esas personas (a las cuales admiro) que escribían todo, lo que hacían todos los días, de forma constante. Y se han conservado todos sus diarios... menos uno. Me explico: En torno al cambio de siglo, Doyle decidió acabar con la vida de Holmes, puesto que le tenía algo muy cercano a odio. Aunque éste había hecho rico y famoso al escritor, su verdadero objetivo era escribir otro tipo de obras, más "serias", pero que no eran muy tenidas en cuenta. La gente amaba al detective, y Arthur no podía sino sentirse atrapado por él. Por ello, en el relato llamado "El Problema Final", Holmes muere al caer a las cataratas de Reichenbach, en los Alpes suizos, en su lucha contra el Profesor Moriarty. Tal fue el impacto que causó la muerte de Sherlock, que en los días sucesivos a la publicación del relato en la prensa (se publicaban por entregas) muchos londinenses llevaban un crespón negro en señal de luto. Doyle había conseguido librarse de su personaje, pero con ello lo había convertido en mito. Y años después, misteriosamente, Doyle "revive" a Holmes inventándose una fantástica historia sobre cómo había simulado su muerte, en una de sus obras más famosas: "El sabueso de los Baskerville". Aquí es donde entra a colación el diario, puesto que cubre el periodo entre la "muerte" de Holmes y su resurreción. Por lo tanto, nadie sabe con certeza qué fue lo que hizo volver a escribir a Sir Arthur sobre el detective. 

Lo que puede parecer una cuestión sin importancia ha supuesto un "Santo Grial" para los investigadores, aficionados, paranoicos y freaks en general que quieren saber qué hubo detrás de una decisión tan contradictoria. En el libro vivimos esos años... y en su segunda historia, la de 2010, se convoca una convención para presentar el diario perdido. Pero éste desaparece, y su portador muere. Todo un misterio para una horda de fanáticos del detective que no dudarán en crear todo tipo de teorías y elucubraciones. 

Sin embargo, no es la historia, su buena forma de escribirla, o sus momentos de tensión lo que quiero comentar. Cuando terminé el libro, pensé: "buena historia, pero un poco fantasiosa, ¿no?". Sin embargo, después de la última página había una nota al lector, en el que el escritor explicaba qué había de verdad y qué de invención en la historia... La realidad puede incluso superar a la ficción. 

En el año 2004, el reputado investigador sobre la figura de Doyle (y Holmes) Richard Lancelyn Green anunció que había encontrado el diario, entre otros documentos que se habían dado por perdidos. Sin embargo, este hombre estaba convencido de que eran los descendientes de Conan Doyle los que le habían quitado los documentos a su depositaria (la hija). Esto llevó a problemas legales y denuncias. Lo más curioso es que, ese mismo año, Green empezó a comportarse de un modo extraño, y a decir a sus amigos que temía por su vida. Poco después apareció muerto en su casa, estrangulado con un cordón de su propio zapato.
El libro no cuenta la misma historia, claro, pero sí que se basa en este hecho, en que después de tantos años aún hubiera motivos para matar a alguien por el diario perdido de Sir Arthur. ¿Qué revela éste que tanto miedo provoca? El autor crea una teoría, además de ambientarla en una época en que Bram Stoker (aún un desconocido) y Doyle eran grandes amigos e iban a cenas con Oscar Wilde. ¿Era acaso un secreto que mancharía la memoria del escritor?

Probablemente nunca lo sabremos. 

La imagen corresponde a Undershaw, la casa de campo que Doyle compró y reformó para vivir con su esposa enferma Touie y sus hijos, lejos de aquella Londres que le recordaba a cada paso que había matado al mejor detective de todos los tiempos. Abandonada hoy, sigue siendo un lugar al que miles de entusiastas del investigador siguen acudiendo en busca de un tesoro entre sus muros.

sábado, 2 de abril de 2011

I like it, like it... Come on!!

Los que sigan este blog a lo mejor no están acostumbrados a verme en este estado pero... ¡¡estoy tirado en el sofá!! Me voy a permitir medio día (ya me quedan dos horas) de no hacer nada, y como no puedo estar literalmente ocioso, me he puesto a actualizar. No se acostumbren, que esto de tres actualizaciones por semana no lo mantiene ni Punset. 

Salí ayer de clase a las 15'00 y descubrí sorprendido que el verano había llegado a Sevilla. Esos treinta y algo grados eran del todo inesperados, y en cierto modo bienvenidos. Pobres príncipe Carlos y la mesa-Camilla, digo.... Camilla Parker, que tenían que estar cuales pollos de asadero de visita en esta ciudad. Cuánto sufre la realeza... Cuando llegué a mi edificio, iPod en ristre y gafas de sol, feliz y contento de la vida, descubro con horror que no encuentro la llave. Me empecé a poner nervioso, pero aún le di un voto de confianza a mi maleta, que a veces se convierte en agujero negro. Un amable señor me abrió la puerta del portal, subí a mi piso y vacié la maleta. Definitivamente, me había dejado la llave dentro. Llamé a la puerta y esperé, pero me di cuenta de que mi compañero E se había ido a su pueblo este fin de semana. Y The Canary estaba de viaje de fin de carrera. Maldije, por dentro y por fuera, y luego llamé a mi casero cruzando los dedos para que no se hubiera ido a Córdoba. Estaba en Sevilla, pero eso sí, le desperté de la siesta. Lo noté en ese tono entre gruñido y ET y esa dificultad por hilvanar unas ideas con otras. Pero conseguí mi objetivo, así que me encaminé a su casa, cargando la maleta con TODO lo imaginable, con 30ypico grados y un hambre mortal. Llegué a su edificio y cuando toqué el timbre pasaron cerca de siete minutos y medio antes de que se abriera la puerta. En ese tiempo oí gruñidos, movimientos lentos y pesados, maldiciones por lo bajo y todo eso que indica que no era bienvenido del todo. Recogí las dichosas llaves, y no fue hasta casi las cuatro cuando pude comer, cuando ya no distinguía entre cuchara y tenedor. Antes tuve que ir a devolver las llaves, colándome en el portal de mi casero (menos mal que me abrieron la puerta, porque si no aún estaría ahí probando con todo el llavero en la cerradura) y echando las llaves al buzón, como si de una película de espías de serie B se tratara. Así inauguraba yo el fin de semana... el fin de semana Alone-at-home.

El plan del viernes noche era cenar con Mo y con sus amig@s, que al final fueron solo amigas, y tomar algo después. El tomar algo se tradujo en helado (uhmmm!) y la cena en una pequeña odisea buscando sitio. Acabamos con éxito después de todo. A las 12 y algo estaba vuelta al hogar, ahora con llaves, y corrí a encender el portátil para esperar a que Caos se conectara. Y así lo hizo :-)

Este día de sábado se presenta tranquilo. Tengo comida (importante), tengo un posible plan para la tarde-noche, y sobre todo, tengo tranquilidad. Me encanta tenerla, y aunque no la utilice como muchos harían (haciendo cosas, viendo pelis, leyendo...) me encanta no hacer nada. Estar por aquí, actualizar, twittear, tirarme en el sofá y pensar que hoy el mundo no me necesita.

Por si no la conocían, la canción a la que hago referencia con el título de la entrada es la siguiente:

Rihanna - S&M

Evidentemente, no me refería al sado cuando decía que "I like it". No pensemos mal.

Creo que alguien me llama... ah si, la Vagancia.

Volveré.

martes, 29 de marzo de 2011

Update 2.0

Como si de un Service Pack de Windows 7 se tratara (prometo que será la última vez que hable de Windows...) aquí estoy para contar un poco de lo que he hecho y pensado últimamente. Para aquello a los que mi vida les interese, claro. Sin embargo, antes de empezar me gustaría que me hicieran un favor: pinchen en el siguiente link, carguen el vídeo, y cuando esté completo pónganlo y vuelvan aquí. Así escucharán lo que yo escucho en este preciso momento. 


¿Ya? Pues empezamos.

Hoy, día 29 de marzo, he ido a consultar documentos al Archivo de Indias. "Uuuuh" - pensarán - "eso es TAN emocionante....". Lo es si te gustan estas cosas, y a mí me gustan. Así que lo pasé bien, y cuando pasas varios controles y te registras y haces todo el trámite, te sientes como todo un señor importante, de esos que llevan chaqueta y fuman en pipa. Estuve toda la mañana allí, ante ese pedazo de caja que tiene el inocuo nombre de "legajo" pero que en realidad es un pedazo de carpeta. No quiero tampoco contar aquí los pormenores de lo que allí estuve haciendo, porque sería un poco... demasiado propio. Como si el blog de un arquitecto tuviera que hablar de columnas. Como no es el caso, cambiaré de tema.

Estas últimas dos semanas han sido como... no sé, como jugar a las damas conmigo mismo. Y no quiero decir que fuera a locales de señoritas de moral distraída, sino que he estado luchando contra mí mismo. Hace una semana exactamente estaba en lo que podríamos decir una bajona, que yo defino como un momento en el que el balance entre el bien y el mal de tu cuerpo se desequilibra. Un momento en que se piensa más de la cuenta, se dice menos de la cuenta, y nadie paga la cuenta. Fueron unos días en que, de nuevo, me recordaron lo que significa estancarse, lo que significa no ser independiente emocionalmente, y lo que significa no querer que nadie me hablara para simplemente no tener que esforzarme en ser agradable. Total, serlo normalmente no me ha servido de mucho, ¿no?

No puedo hacer un balance real de lo que me pasó, porque no quiero nombrar a personas concretas, pero creo que a nadie le es extraño el sentimiento de destierro. De no pertenecer, de ser una pieza de otro puzzle. Aquellos momentos en que realmente lo percibes, en que, en cualquier situación piensas "¿qué hago yo aquí?", son inflexiones. Tras ello, o cambias o mueres. Eso fue exactamente lo que me pasó, porque ese lunes pasado sólo pude decirme a mí mismo que había llegado a lo más bajo. Que estaba solo. En ese momento preciso en que se pulsa el interruptor y la idea recorre el cuerpo, dan ganas de salir corriendo, de mandar a la mierda a todo el mundo y volar, de escapar y no volver nunca, pero casi al mismo tiempo te reprimes porque sabes que eso es imposible. Es lo que me toca vivir, es lo que tengo que sobrellevar. Es mi sino. No quiero decir con esto que no tenga amigos, porque probablemente éstos se podrían sentir ofendidos, pero sí que ellos aparecen un 0'01% del tiempo que vivo, teniendo en cuenta que por lo menos otro 80% lo paso en las clases y pasillos de mi facultad. Tienen vidas, también. En esos días, lunes y martes, no hice nada más allá de lo necesario para sobrevivir, y pasé el tiempo en el departamento abstraido en el trabajo. En el tiempo que caminé intenté separar cada sonido de la música que escuchaba para así ocuparme, y en cierto modo funcionó. El problema era al girar el pomo de la puerta de entrada a mi casa, cuando estaba desnudo de mis muros.

Siempre he sentido que soy diferente. No en un sentido de orgullo, ni de superioridad o desdén. Simplemente es un convencimiento: en algo soy diferente, y mis veintiún años aún no han sabido decirme en qué. En algunas etapas me he sentido integrado, engranaje, parte, como esos primeros años de universidad. En otras he estado casi en un mundo paralelo. Pero ahora estoy aquí. Busco un hueco en un mundo ya creado. Soy nuevo, no soy de aquí: soy más diferente que nunca. Quizás es idiota repasar una a una todas las cosas que guardo contra "mi" clase, porque realmente no me importan. Importa más el conjunto, lo que se desprende de ello, y no es nada bueno. El curso pasado me comparaba yo con una silla. Cierto es que este año no he dejado que vuelva a ocurrir, porque este año yo mismo me he hecho invisible, sin intervención de nadie. Más vale una medida como esa a tiempo, que otro año excluido. Y ya que excluyen, mejor hacerlo yo antes.

Veo que me estoy liando. No era mi intención. Es solo que quiero transmitir eso que pasa por la mente en un solo segundo, esa sensación que te embarga, ese sentimiento de nadie te vería aunque estuvieras gritando por los pasillos. Dura eso, un segundo, dos, un día, dos, y se va. Porque pasan cosas nuevas, porque no puedes aguantar tanto tiempo sin poder dormir. Porque desbloqueo el móvil y veo tu foto, porque hablo contigo. La vida da una de cal y otra de arena, y lo que pasó entre el lunes y el martes se compensó en los siguientes días con apariciones "estelares" y una mayor vida social. A todos los que lo hicieron posible, gracias.

Tuve, además, una conversación muy interesante el martes, y... ¿con quién si no? Caos es mi proveedor oficial de momentos intensos, así que estuvimos hablando sobre el futuro. El cercano, el medio, el lejano: todo el futuro en sí. En aquellos momentos me pareció maravilloso que alguien pudiera siquiera pensar en vivir conmigo. Aún lo pienso y me sorprendo por ello. No será fácil, y hay muchas cosas que han de ocurrir, pero... a veces la sola intención basta para que te hagan sonreir. Y así fue.

Lo siento por aquel o aquella que haya empezado a leer esperando algo quizás más entretenido, o quizás menos filosófico, pero en la naturaleza del blog está el ser desahogo y válvula de escape a nuestros pensamientos. Siempre he dicho que escribo mejor que hablo, y miren que escribo mal, así que esta vez les toca aguantarme. O no leerme. Dicen por ahí que una buena terapia es escribir lo que uno odia, teme o no le gusta de su vida y quemarlo después. En este caso no lo haré, que bastante caro me salió el portátil.

The Killers - Human

Let me know if your heart's still beating

Por supuesto que sí. ¿Alguien lo duda?

miércoles, 9 de marzo de 2011

Carnaval, te quiero

Ponte tu mejor disfraz y entra en el Carnaval,
es para tí, venga ya...

Aunque pasen los años, oir estas palabras hace que te venga algo a la mente, una emoción que no se puede controlar, una alegría que te desborda: es el Carnaval. Este año los exámenes me dejaron volver, y no desaproveché la oportunidad. Volví a casa por Carnaval, 

a cantar, a bailar y a reír
Y nunca mejor dicho.

Desde que se fue quien todos sabemos, decidí volver. Desde antes quería hacerlo, pero quizás fue esta situación desanimante y triste en cierto sentido la que me hizo decidirme, comprar el billete y olvidar el resto. Y desde Sevilla empecé a planear junto con mis amigos los disfraces, los complementos, ... me encantó hacerlo así. Estuve varios días buscando en las tiendas de Sevilla (que por cierto, no valen para estas cosas) hasta que lo tuve todo, o casi todo. Eran tres disfraces escogidos con cuidado, y que luego resultaron ser los apropiados. En menos de lo que esperaba quedaba una semana para volver, y en menos aún estaba terminando de hacer la maleta. El momento había llegado. Por fin.

Había hecho una lista de cosas que necesitaba: antifaz negro, pajarita, gafas, camiseta verde, gorra verde, medias... Las medias ya las había conseguido (aunque eran un poco finas), pero el resto de cosas no las tenía aún, y me iba en un par de días. Así que aproveché esos largos ratos entre clases para ir al centro y buscarlas. Como diría Bon Jovi, it is now or never, así que lo intenté conseguir todo, y casi tengo éxito. Descubrí pronto que el antifaz no me quedaba bien (la napia no tenía cabida), y que las gorras verdes no abundan. Pero el resto de cosas sí que las pude encontrar. Así que fue a clase, encontrándome con una compañera al entrar en la facultad que me preguntó qué me había comprado:


- Pues... un antifaz, una pajarita, unas gafas grandes, una camiseta verde...

Me miró asombrada, pero se mantuvo en silencio. Para evitar que me ignorara por el resto de mis días, me vi obligado a explicárselo. Visiblemente más tranquila, se despidió de mi y pude ir a clase tranquilamente. No sé si ella tendrá el mismo concepto de mí de ahora en adelante, pero realmente me da igual.

Tras los típicos agobios por llegar a tiempo al aeropuerto, me vi en cola para facturar y encontré los primeros signos de mi destino: gente disfrazada. Un par de animador@s estaban por allí, dando el cante entre tanto soso. Aquello ganaba por momentos.


En el avión todo el mundo iba más que dispuesto al Carnaval... volvía a casa. Después de un par de horas, llegué y allí estaban mis padres y el pequeño bicho que tengo por hermano menor. El plan era sencillo: volver, cenar, salir. Me bullía la sangre.

Una de las cosas maravillosas de volver al hogar es la cuestión gastronómica. Soy de gustos sencillos, y una tortilla y unas croquetas me devuelven el optimismo. Así fue, y empecé a prepararme con toda la alegría del mundo. Las gafas, la pajarita, los tirantes... Con esas pintas salí yo de mi casa para inaugurar la primera noche: La Noche de los Empollones Repelentes. No voy a entrar a valorar si yo de antes ya me parecía a mi personaje, como medio mundo piensa, pero el caso es que todos coincidieron en que iba bastante auténtico. Además, todos íbamos iguales, así que estábamos perfectos y preparados para darlo todo. Fue una noche sin incidentes (salvo cuando un coyo me intentó quitar las gafas...¬¬) en la que hubo muy buen rollo por parte de casi todo el mundo. Éramos los empollones más molones del Parque Santa Catalina.

Pero aquella no fue la última noche. No. Faltaban dos, así que al día siguiente salí con mi madre en busca de la gorra verde y una camiseta de manga larga, porque Luigi era el siguiente. Era La Noche de Supermario Bros. Fue una gran noche también, aunque el hecho de llegar después de la Cabalgata hacía que estuviera todo el mundo hecho polvo antes de empezar (menos nosotros, claro). Una de las mejores cosas fue jugar a la Wii en casa de Patri con el juego de baile, dándolo todo con aquellas pintas... Y hay que recordar un momento que fue mítico, y que dio pie a toda una serie de frases que han pasado a formar parte de nuestro vocabulario habitual. Estábamos nosotros junto a un grupo de mariner@s, cuando una de ellas comenzó a hablar conmigo y con K. Le prestó su gorrito, y quiso también que se pusiera su peluca (a lo que K, obviamente, se negó... qué asco!) y entonces...

K (a mí, por lo bajo): ¡Oh Dios! ¿Quién ha abierto las puertas de Mordor?
Yo: (muerte por risa)
Chica en cuestión: Perdona, ¿se están riendo de mí?
Ambos: No, no por Dios...

Poco después, esta chica dijo: "¿les gusta el house?" a lo que K contestó: "Bueno, lo típico, alguna canción y tal...". Entonces, ella hizo LA pregunta:

Chica:  ¿Conocen a DJ Pika?
Ambos: Ehm... no.
K: Pero Pika... ¿de Pikachu? (tono de coña)
Chica: Sí (con seriedad)
Ambos: (Poker face)
Chica: Pues soy yo.

Entonces, ante el descubrimiento de toda una estrella entre el público, K se adelantó y dijo: "Encantada" y le estrechó la mano. Ya ahí no me controlé para descojonarme... Habíamos conocido a toda una celebridad. Y por si fuera poco, DJ Pika La Marinera del Puerto quiso que K la agregara al Facebook, ante lo cual dijo: "Déjame tu teléfono". K, obediente, se lo dio mientras yo miraba impactado: ¡se lo dio así porque sí! Le apuntó su nombre y K, obviamente... nunca la agregó.

El último de los días que saldría sería La Noche de los Superhéroes, en la que me sorprendí de encontrar a Batman y así poder ir juntos como el terror de los malos. Para cubrirnos estaban SuperEstefa y Patrirra (o Zorritri, o simplemente Patri la Zorra) y Letpainter, que aunque no iba de superhéroe nos pintaba los desconchados. Fue, cómo no, otra gran noche, la última de fiestas carnavaleras por este año para mí, en la que acabé de after con Dhav en un arrebato de surrealismo.

En realidad me hubiera gustado añadir fotos y más cosas, pero una de las bases de este blog es no poner imágenes de gente conocida. Ya he roto la regla una vez, y no me gustaría volver a hacerlo, así que esta entrada se quedará corta, pero intensa.

Porque los que allí estuvieron saben de sobra lo bien que lo pasé.

Y las que fueron a despedirme al aeropuerto, aún más...

jueves, 3 de marzo de 2011

Lencería fina

Qué sugerente me ha salido el título... pienso mientras reviso esta entrada. No porque me haya quedado más picante de lo normal (nada más alejado de la realidad, yo soy la castidad pura en persona) sino porque igual hace que más de uno pique en el enlace sólo por ver algo que tenga que ver conmigo y con algún artículo de lingerie. Siento decepcionarles. Dejaré para el final ese escabroso episodio, y me centraré en el pasado fin de semana (puente en tierras andaluzas por eso del día de Andalucía y olé), cuando fui a Zafra e intenté - sólo intenté - ir a Mérida en compañía de Mo. 

Todo comenzó un día, hace tiempo, en que The Canary y yo decidimos ir a Lisboa en el susodicho puente. En vista de las circunstancias, el plan fue mutando, y cual Pokemon evolucionado, pasó de Portugal a Barcelona, pasando por Madrid. Finalmente, Zafra y Mérida fueron la mejor opción, así que allí me dirigí el sábado. Salía desde Plaza de Armas a las cuatro de la tarde, y desde las tres estaba allí para comprar el billete, con tan mala suerte que la ventanilla de la compañía (LEDA, mardita) abría a las tres y media. Relajadamente me puse a esperar... cuando para mi sorpresa, en una centésima de segundo, se formó una cola inciada por un señor de la quinta edad que decidió que esperaría de pie, pero el primero. Eso me obligó a levantarme y colocarme en la cola ante la ventanilla cerrada, lo cual consideré completamente inútil.

Y empezó el viaje, partiendo de Sevilla en un día soleado. Me puse las gafas de sol, feliz de poder usarlas, y puse mi música a todo trapo. Después de una hora de pasar por interminables campos de olivos y de otros cultivos, pensé: "qué cultivada Extremadura". Sin embargo, poco después vi un cartel que decía: "Provincia de Huelva". OH-MY-GOD...

 No me habían dicho lo lejos que estaba. Atravesamos unos cuantos pueblos mientras mi tensión iba en aumento: ¿Y si me equivocaba de parada? De repente, al llegar a uno de los pueblos, se empezó a bajar gente y el conductor dijo: "Los que vayan a adsoijdsfosfdhusdf, asodasidufdshifuhsdf y Badajoz pasen al otro autobús". No tenía un traductor chófer-castellano, así que me quedé sentado sin saber muy bien qué hacer, cabróndemierda.

Al final, por suerte, no hubo problema y llegué vivo a Zafra, donde estaban Mo y su hermano esperándome. Todo había salido, por el momento, perfectamente. Fuimos a ver el pueblo, no sin antes comprar los billetes para Mérida para la mañana siguiente. Había que madrugar para ello, algo que me dolió en los redentros, pero claro, cuando uno hace turismo hay que hacer algunos sacrificios. Es muy bonito Zafra, tiene muchos edificios imponentes, palacios e iglesias. Hacía un poco de frío, pero nada insoportable. Hicimos un tour rápido (antes de que se hiciera de noche) antes de ir a tomar algo. Todo auguraba un fin se semana completo. Pero no fue así.

 Nos levantamos temprano, muy temprano, y tuvimos que salir corriendo para llegar a la hora a la que salía la guagua de la estación. Pero no había guagua alguna. Visiblemente mosqueados, esperamos unos diez minutos, hasta que apareció una guagua de ALSA con destino al Norte del país, a la que se subieron unos cuantos pasajeros, que el conductor distribuyó según destino. Cuando ésta hubo partido, nos dimos cuenta de que ya hacía un buen rato que deberíamos haber salido de Zafra. Mo fue entonces a preguntar a la ventanilla de la compañía cuál era el problema. Y el problema, señores, es que tendríamos que haber subido en la guagua de ALSA. Sí, debíamos haber intuído que aquella era la nuestra, sin que nadie nos avisara de nada. Para mayor cabreo, la de la ventanilla nos trató como a inútiles ignorantes (zorra). Con un cabreo considerable (Mo más que yo, que a esas horas de la mañana no tenía energía para mosquearme), volvimos para su casa con la sensación esa de idiotez encima que se te queda cuando has estado a un metro y medio de la guagua que tendríamos que haber cogido. Además, no podíamos cambiarlo, porque entonces no llegaríamos a Zafra a tiempo y perderíamos la vuelta a Sevilla. La vida era asquerosamente injusta.

Cuando volvimos, decidimos seguir visitando Zafra, ahora con mayor tranquilidad, ir a ver a la abuela de Mo y, de paso, buscar algunos complementos carnavalescos que aún me faltaban. Constaté que no podría conseguir ni antifaz ni pajarita, así que sólo podía optar a conseguir las medias. Dejamos eso para el final, ya que era la operación más complicada. No podíamos ir a una tienda de disfraces y pedirlas, porque no las tenían. Teníamos que ir a una tienda de lencería, y para ello, debíamos tener un plan.

Mo: Hola, venía buscando unas medias gruesas, lo más claras que tenga.
Dependiente: Claro, una M como para tí, ¿no?
Mo: No, no, grandes...
(Yo con mirada al techo)
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Dependiente: ¿Este color está bien?
Mo: (a mí) ¿Tú crees que son éstas? ¿Son las que LE hacen falta?
Yo: Sí, yo creo que son ésas.
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Yo: Pago yo y luego arreglamos, ¿no?
Mo: Sí, sí, ya arreglamos luego.

Fuimos el colmo de la discreción. Guardé rápidamente las medias en la mochila y partimos hacia el Parador de Turismo, sintiéndonos como 007: espías, discretos y glamurosos comprando lencería fina.

El Parador es un antiguo alcázar, y la verdad es que es precioso. Dan ganas de decir esa típica frase de "¡Oh! Cuando sea rico iré de Paradores". Dimos una vuelta por el lugar, acompañados por los padres de Mo y haciendo fotos por todas partes. Después de ello, y teniendo en cuenta que cambiamos los billetes para volver antes a Sevilla (total, ya que Mérida no pudo ser...), nos fuimos a la estación y volvimos.

 Queríamos hacer algo en Sevilla, teniendo en cuenta que era día de fiesta, pero no lo teníamos muy claro, así que primero fuimos a mi piso a comer y deliberar. Al final, tras comer migas extremeñas (gracias, Mo's mother) decidimos ir al río a tirarnos y jugar a las cartas. E, Mo y yo fuimos bajo el sol a estar allí toda la tarde... y fue genial. El día estaba precioso, cálido, y luminoso. Era genial ver Sevilla así tras tanto tiempo de oscuridad. Y bueno, como salir con E es hacer un book, aproveché e hice unas cuantas fotos más.

A pesar de todo, no salió tan mal. No llegó a ser frustrante, porque cambiamos una cosa por otra... y bueno, cambiamos columnas romanas por barcas del Guadalquivir. Estoy seguro que más de un lugareño dirá que no hay cosa más bonita. Claro que hay, pero no fue un mal cambio después de todo.


Y tenía las medias en la mochila. 10/10

domingo, 27 de febrero de 2011

Does your mother know?

Aquí estamos de nuevo, para ponerles al día de mis andanzas sevillanas, sevillenses o simplemente andanzas. Puede parecer que no, pero es increíble la capacidad que tiene la luz solar para hacernos cambiar el estado (de ánimo, no de Facebook). Hace como cinco días salí de clase a las dos de la tarde y... ¡Sol! ¡Luz! Me quedé quieto observando, por si era un espejismo, pero no, ahí estaba ese cielo despejado y ese calorcillo sin igual. Y sin querer, sonreía. No es que me haya pasado desde entonces riéndome por la calle cual descojonado de la vida/paciente psiquiátrico, pero sí que uno tiende un poco más al optimismo, sobre todo cuando tiene que buscar en los cajones para sacar eso que uno pensaba no volver a utilizar: las gafas de sol.

En este estado de embobecimiento solar me encontraba cuando, el martes, fui a trabajar al departamento. Allí me encontraba yo, sentado en el escritorio, cuando viene una profesora con semblante preocupado:

- Teseo, ¿tienes un momento? Tengo que hablar contigo.

Allí fui yo, raudo y veloz, mientras los pelos del cuello se me transformaban en púas de cactus.Y lo que me dijo no es que cambiara mi vida, pero le añadió una emoción digna de la ducha del Bates Motel. Como tenía que ir al médico y no encontraba sustituto... yo debía dar su clase práctica. Una lámina de transcripción en letra cortesana. Supongo que mi cara de aquellos momentos fue una Poker Face en toda regla, tal como esta que se puede observar.

Entonces, tras reponerme, le dije que sí, sin realmente pensarlo, pero ... No se podía decir que no, ¿verdad? Para añadir tensión y llegar a niveles de fusión del núcleo, me dijo que aún no había decidido qué lámina utilizaría, así que podría tenerla... ¡¡dos horas antes de la clase!! Pero, como se dice por estos lares: CHALLENGE ACCEPTED. Menudo desafío. Dar una clase (por práctica que fuera, era una clase) en la universidad casi sin poder prepararla. Menos mal que lucía el sol.

Y el día D llegó. La clase empezaba a las 13'00, pero tenía otras desde las 8'00. Había quedado a las 12'00 con A.n para ir a desayunar y luego ir juntos a la clase. Conseguí la lámina y al verla, hubo en mí una mezcla entre alivio y tensión: no era difícil, pero tampoco era fácil. Me fui corriendo al departamento a transcribirla yo primero. Cuando terminé, había algunos huecos que no fui capaz de cubrir, y gracias a que estaba mi jefe en el departamento y unas amigas suyas, que en un momento me dijeron en qué libro estaba transcrita. Así que, con la verdad fotocopiada, me dirigí al encuentro de A.n mientras pensaba en las diferentes formas de explicar cómo es la cortesana. Tensión 60%.

Fuimos al césped, al sol, para tomar algo mientras hablábamos de diversas cuestiones. Se acercaba el momento y ya tenía una estrategia en mente. Fuimos hacia la clase. Tensión 80%.

Curioso fue ver las caras que iban poniendo los que se iban enterando de que yo daría la clase. Alguna sorpresa, alguna sospecha... Repartí fotocopias sin decir nada, y cuando terminé empecé a explicar cómo se haría la práctica (grupos, etc.). Pero desde que vi sus caras al observar la lámina, me di cuenta de que había un error muy grande: era demasiado difícil. Para gente que lo más antiguo que habían visto en cuanto a escritura era una carta de su abuela, plantarles delante aquello era como aprender castellano con Góngora. Así que les recordé las normas de transcripción y dejé que pensaran un poco, antes de llenar la pizarra con las letras más usuales y algunas abreviaturas. No les podía decir más, porque si no... ¿qué gracia tendría entregar a la profesora algo que está bien pero que no se comprende? Frases como "no entiendo nada", "no veo nada", "¡¡Ahhh!!" y demás se multiplicaron por el lugar... y no dejaba de ser desesperante. Tensión 110%.

Yo, en mi ilusión, pensaba que no se tardaría mucho en hacer... pero el tiempo pasaba y aquello no avanzaba. Añadí más cosas en la pizarra, al límite de lo que podía decir, y resolvía algunas dudas puntuales. Suerte que había un par de ellos que sí se enteraban del asunto, y tiraron un poco hacia delante. Hubo, sin embargo, momentos simpáticos tales como:

- Perdona, ¿Aquí pone "Andorra"?
- ... Ehm... pone "estamos".
- ¡Uy, casi!

Ya quedaba una media hora para acabar, se unificaron los grupos y pasaron a limpio las transcripciones, algunas con tanto hueco en blanco que parecían poemas. Las recogí, me disculpé por no poder solucionarles la lámina, y ahí parecía que había acabado todo. Pero no era cierto, porque al día siguiente había clase de nuevo con la profesora...

Y así fue como me di cuenta de eso que en la mítica canción de Abba se decía tan bien:

I can see what you want
But you seem pretty young to be searching for that kind of fun
So maybe I'm not the one

En clase al siguiente día asistí a la destrucción de lo que yo había intentado transmitir. No sólo no recordaban haber visto la mitad de las cosas que les dije, sino que parece que no quedó claro si yo les expliqué algo. Explicó de nuevo la profesora la forma de las letras, y copiaban con el mismo entusiasmo con el que habían copiado lo que yo había puesto, que era LO MISMO. Como no está bien eso de levantarse y empezar a pegarle al personal, me quedé donde estaba, intentando olvidarlo pero con algo claro en la cabeza: no es justo del todo. No creo que lo hiciera tan mal, y a partir de ahora está claro que no "quedé bien" de cara a volver a hacerlo. Era una buena oportunidad, me gustó la experiencia y creo que es algo bueno hacerlo aunque sea antes de tiempo. Pero ahí esta el problema: quizás es demasiado pronto. En la misma canción de antes también se dice:

Does your mother know that you're out?

Tristemente parece que no me toca jugar en este campo... aún.

sábado, 19 de febrero de 2011

Carmona

No suelo escribir una crónica de cada visita que hago, pero voy a hacer una excepción. No porque haya pasado algo horrible, o porque me haya encontrado un cupón de la lotería premiado, sino porque es importante para mí. Salir. Ver cosas. Es reconfortante.

Me levanté temprano para llegar a tiempo a la estación, donde ya me esperaba M. Tuve que salir corriendo, porque tarde tanto en autoconvencerme de salir de la cama que cuando lo hice ya iba ligeramente tarde. Después de resolver la duda de qué línea nos llevaría, nos pusimos rumbo a Carmona con nuestras mochilas preparadas con la comida necesaria para pasar el día. Sin embargo, a medida que nos acercábamos empezamos a pensar en cómo sabríamos que estábamos en la estación correcta, por lo que nos preocupamos de mirar qué desvíos tomaba la guagua hasta llegar. Estábamos entrando en el pueblo, y esperábamos ver una estación. Pero, de repente, nos paramos. En la calle. Pensé que era un stop, o un semáforo, pero no era nada de eso. El chófer se dio la vuelta y gritó: "¡Había dos personas que se bajaban en Carmona!" Uy, si somos nosotros... y a la calle. Esa fue nuestra primera experiencia carmónica: no había ni estación. La segunda experiencia fue sensorial, porque se me congelaron hasta partes que no voy a nombrar para no incurrir en la maledicencia.

Empezamos a caminar en busca de la oficina de turismo, que resultó estar en la mismísima Puerta de Sevilla, bastión de entrada al pueblo antiguo, pero como aún no estaba abierta hicimos un desayuno en una escalera, dando gracias a San Mercadona por sus alimentos. Una vez abrió, hicimos la visita a la fortaleza, y luego compramos una guía para hacernos nosotros la visita a través de las marcas que había en el suelo por todas partes. Y he aquí la primera estafa de las dos que vivimos: nada (o casi nada) de lo que la visita mencionaba estaba abierto. La otra fue perpretada por la Iglesia Católica, pero de eso ya me ocuparé más adelante. Salimos de la oficina prestos a visitar cuando pronto nos dimos cuenta de que veríamos muchas, muchas fachadas, y pocos interiores. Lo aceptamos con resignación hasta que llegamos al Museo Municipal, donde había una inusual concentración de niños por centímetro cuadrado. ¿Qué regalaban allí? Estaban llegando a un taller en el que harían actividades... pero, ¿cuáles? Nos enteramos por una conversación (claro, hay que tener en cuenta que una conversación entre dos personas en este contexto es como un discurso televisado, se entera todo el pueblo) que iban a ver Hércules. ¡Oh Dios, Hércules! Y entonces Zeus llegó, y su rayo disparóoooo y demás canciones que se nos vinieron a la cabeza. Reprimimos nuestros deseos de sumarnos a la iniciativa y seguimos nuestra ruta, que nos llevó a una iglesia cercana que si que estaba abierta, y que tenía su preceptiva taquilla en la puerta. Y yo me pregunto: ¿no echó Jesús a los mercaderes del templo? Sin llegar a tales extremos teológicos, tres euros por cabeza es una estafa teniendo en cuenta que es una iglesia (templo público) y que lo único particular es una exposición de tres salas con objetos de la propia iglesia (que no hay que pagar por el alquiler, vamos). Los pagamos por eso de que era lo único que estaba abierto, pero la ira creció en nuestros corazones. Entré con la firme intención de hacer fotos a todas las columnas, estatuas, figuras, velas, viejas y rosarios que me encontrara, y nadie iba a tener huevos de decirme lo contrario. Así fue, y mientras advertíamos que medio pueblo entraba a rezar (y obviamente no habían pagado) hice un album entero, antes de ir a la exposición. Ignoramos totalmente el cartel de "Prohibido hacer fotos", que ya tenemos experiencia, y saqué lo que me dio la gana, ya que había pagado para ello y para mucho más. Eso sí, sin flash, que no soy ningún salvaje.

Seguimos la ruta en cuestión y comenzamos a darnos cuenta de varias cosas: una, que la señalización era confusa, y que daba pie a perderse; otra, que había gente corriendo por todas partes. ¿Es Carmona pues la capital deportiva de la provincia de Sevilla? No, queridos amigos. Estaban celebrando unas jornadas de orientación con una competición que básicamente era encontrar unos puntos a lo largo y ancho del pueblo con la ayuda de un mapa mudo, y corriendo. Dedujimos que había varias categorías, porque había tanto niños emocionados como atletas profesionales (o que habían comprado bien en Decathlon) como grupúsculos de ancianos y ancianas que estaban pasándolo pipa de reunión social... y también orientándose. Vamos, que aquello era el caos. 

Para no alargar contando el sinfín de fachadas que contemplamos (todas hermosas) llegamos a la Puerta de Córdoba, muy bonita por cierto, tras la cual había una jauría de personas que también competían (sólo puede quedar uno y tal). Intentamos ignorarlas y seguir un poco más, aunque tuvimos que dar la vuelta porque de repente estábamos en el campo. Y para ver cabras locas... me quedo en casa. Íbamos a volver cuando vemos a un niño con cara de desesperación ante su mapa. Se nos acercó y me dijo: "Perdone... ¿sabe dónde estoy?". ¡JA! ¡Chúpate esa marquesa que la traen de fresa! ¡¡P E R D O N E!! ¡A mí! Ante tal situación no pude sino ayudar al pequeño infante, que tan bien me había identificado como un ser respetable. Entre M. y yo lo orientamos (aprox.) y así, contentos ante la buena acción del día, volvimos al recino del pueblo para seguir nuestra ruta. 

El siguiente punto de inflexión fue cuando paramos a comer. Encontramos un lugar ideal, una pequeña plaza desierta con sus bancos. Era todo perfecto, la ocasión ideal: abrimos los panes, pusimos el jamón, el queso, abrimos el paquete de papas, ... y empezó a llover. Definitivamente, Dios nos castigaba por blasfemar ante el pago de la entrada a su iglesia. Tuvimos que refugiarnos en la puerta de un garaje (que tenía como un pequeño voladizo en el que refugiarnos). Y aparte de que salió el dueño de la casa EN BATA y pasó por ahí, nada interesante pasó. 

El caso es que terminamos la visita antes de tiempo, porque cuando llegamos a la necrópolis estaba a punto de cerrar, y tuvimos que correr. Pero quizás fue la parte más interesante. Poder meterse en uno de los hipogeos y caminar por él fue una gran experiencia. Y volvimos a la parada de la guagua (a falta de estación) para darnos cuenta de que teníamos que esperar casi dos horas para poder volver a Sevilla, así que nos fuimos a un parque cercano a pasar el tiempo... pero... ¿adivinen qué? Empezó a llover otra vez. Ya abiertamente maldiciendo a la jerarquía celestial, nos metimos en la parada de la guagua a dejar que las horas pasaran resolviendo crucigramas. Y al lado teníamos a una pareja (ella, rubia ceñida; él, pseudocalvo entollecido - dícese de flaco). Y eran todo arrumacos: que si ella sobre él, que si cuchi cuchi, que si torta en el culito, ... Todos pensamos: ¡¡IRSE A UN HOTEL!! Pero no, allí siguieron demostrándose su amor mientras resolvíamos crucigramas y llovía. Idílico. Maravilloso. 

Y así llegamos a Sevilla. Con dolor de cabeza, cansados, pero felices de haber conocido un nuevo pueblo, bonito, interesante (aunque con algunas cosas extrañas). Eso sí, le tengo aún un cierto rencor a la Iglesia, que entre poner santas incorruptas en Sevilla y sacar ojos por ver templos... un día tendré una charla con el papa al respecto. Lo de la santa incorrupta lo digo porque han puesto a una Sevilla, de cuyo nombre no quiero acordarme. Y causó un hondo impacto en mi compañero de piso, que fue por la curiosidad y se encontró con Tutankhamón en hábito de clarisa. Eso sí, con un lifting facial que ni la Preysler... Como bien dijo él: ¡TIENE HASTA PHOTOSHOP! Pero esto es otra historia, que será contada a su debido momento.

Y estaba yo llegando a casa cuando vi a un ser prepúber cruzando la calle haciendo el caballito con la bici. Y pensé: "Se va a meter una hostia en 3...2...1...."

"Aquí Alfa. Objetivo abatido. Buen trabajo, Muñoz".

De nuevo, había salvado el mundo.