jueves, 14 de octubre de 2010

Camino de Santiago: Viaje de ida (8 de octubre)

Aquellos que ya han leído este blog alguna vez en sus vidas sabrán que no estoy de esos que buscan el riesgo así porque sí, puntualizando que por "riesgo" entiendo algo que pueda ser doloroso o asquerosamente desagradable. Sin embargo, hacer algo como el Camino de Santiago es diferente: tenía esa cosa indefinible por hacerlo, por ver hasta dónde puedo ser capaz de llegar, y por ver un lugar completamente diferente al mío. Es por eso que, aunque en una fecha un poco imprevista (en principio sería antes), decidimos ir a Santiago, a hacer parte del llamado Camino Primitivo, desde Lugo hasta la mismísima puerta del Obradoiro. 

El día 8, viernes, a las 17'00, partíamos hacia Madrid para, una vez allí, ir hacia Lugo. Nos aguardaban muchas horas de viaje, cabezadas y canciones. No creo que sea necesario describir cada uno de los momentos allí vividos, ya que estar durante 12 horas sentado no da para mucho, aunque es curioso nombrar a cierto niño que nos encontramos en la Estación Sur de Madrid (ya casi a medianoche), que no hablaba pero tenía muchas ganas de interactuar con el palo de caminante. Nos dio un rato muy agradable, en el que incluso se le intentó chantajear con una chocolatina Tirma para que dijera su nombre pero... no pudo ser. 

De Madrid a Lugo fueron unas cuantas horas: MUCHAS. Teníamos un libro de cruzadas que avanzamos grandemente, pero ya uno sentía que estar sentado era lo más cercano a una tortura que podíamos experimentar. Sin embargo, como jóvenes que somos, superamos con éxito la empresa y llegamos a nuestro destino, en torno a las 7 de la mañana.

Era 9 de octubre... el Camino había comenzado.