martes, 28 de septiembre de 2010

Road to Sevilla RELOADED I: El nuevo curso, la nueva vida

Sí, señores, sí: HE VUELTO. No a escribir en el blog (eso ya lo hice en la entrada anterior), sino a Sevilla. "¿Masoquismo?" dirán algunos; "es que está enamoraaaaao" dirán otros con un intento de ojos picarones que puede dar entre grima - que no Grimanesa - asco y un profundo odio. No, simplemente que me que da un año para acabar la carrera. Durante otros nueve meses Sevilla conocerá mi nombre... para bien o para mal. 

Antes de explicar lo que ha acontecido en esta primera semana, creo que es importante hablar de lo que ha pasado este verano... aunque se podría resumir en dos palabras: DORMIR y SALIR. Son dos conceptos profundos ahí donde los ven, porque se puede soñar, salir a ver sitios culturales, etc... (vale, es mentira, pero había que intentarlo).Salí mucho, dormí mucho, disfruté la gastronomía materna y perdí el tiempo como debe ser, pero hubo un gran evento, el Evento del Verano: la visita de Caos. Gracias por venir, y gracias a todos los que hicieron su acogida algo sencillo y positivo.

Dos grandes amigos se fueron este año a Barcelona (Y y B, por añadir iniciales al glosario), y mi hermano y mi cuñada partieron a Madrid. Ha sido un año de emigraciones, y cuales pardelas, todos hemos volado fuera de nuestros respectivos nidos. A probar suerte, a seguir adelante, a descubrir lo que el mundo puede ofrecerles. Yo vuelvo a Sevilla, ya con un año acumulado de experiencias, pero con una renovada ilusión: ya no volvería a la residencia.

En el limbo perfecto de la imaginación, al pensar en "compartir piso" pensamos en Friends o en alguna otra serie o película en que todos se llevan de maravilla y pasan momentos geniales y cómicos, y en el que cuando se caen los vasos suena risa enlatada de fondo. Sin embargo, cuando te sientas y empiezas a escribir lo que necesitas "para el piso" o cuando hablas del contrato, o cosas así, asumes que de verdad vas a un piso. Pero uno real, de esos en que la vecina del cuarto te manda a callar si gritas, de esos en que hay averías, de esos en que la cocina parece sacada de Cuéntame y el baño del motel de Norman Bates. Pero más allá de señoras rubias hechas un colador en la bañera, lo importante es con quién te vas, con quién has decidido compartir tu espacio. Y ahí creo que radica el secreto de mi existencia en este curso.

L The Canary y E. son mis compañeros de piso. Lo hemos pasado muy bien juntos, y es probable que este curso sea igual. Por ahora hemos coincidido en un aspecto muy importante de nuestra existencia: había que redecorar el piso, y qué mejor que el mobiliario y decoración nórdicos para transformar la sosería y lo anticuado en algo que sólo se podría definir como profundamente "cool". Con poco hemos conseguido hacer nuestro este espacio, y mi habitación es MÍA, con las cosas que yo quiero tener, donde yo quiero tenerlas. Pero no todo es maravilloso porque...

En estos tiempos que corren sabemos todos que vender un piso es complicado. Sí, lo es, y no debemos engañarnos con ello. Nuestro arrendador (qué rara suena esa palabra, parece que nos tiene encadenados a la puerta de la nevera o algo así) tiene intención de vender el piso donde ahora vivimos. Hasta ahí todo normal, salvo la parte en que lo enseña. Tampoco sería traumático si no fuera porque está aquí todos y cada uno de los días y porque suelta perlas como:

- Pasad, pasad... sí, éstos viven aquí, pero como si no estuvieran...

¿Pero esto qué es? Y así nos vemos los tres, sentados en el sofá, mirando cómo somos mostrados en plan "a su derecha los chimpancés, a la izquierda las nutrias...". Y claro, por eso de la imagen, tenemos que tener las camas hechas, las cosas recogidas y todo eso. Pero en el fondo de nuestros corazones nos preguntamos si ese día, ese día en que estemos en calzconcillos, aparecerá y entonces se creará un conflicto en el espacio-tiempo del que será difícil salir. Hasta entonces, hacemos lo posible por sobrellevarlo con gracia (que para eso vivimos en Triana).

lunes, 27 de septiembre de 2010

Infarto de Fin de Curso

Todos los que alguna vez en su vida siguieron este blog saben que dejó de existir. Más bien dejó de estar presente porque quizás lo que había que contar no era ni tan interesante, ni tan surrealista. Pero claro, la vida sigue... y algo que he aprendido es que, después de todo, lo que nos pasa es siempre interesante si es bien contado. Así que intentaré hacer lo posible, porque toda historia debe tener final, y mi andadura del pasado curso necesita de los títulos de crédito: JUNIO.

Debo decir que convivir con un pseudo-yonki no ha sido lo peor de este curso. Si hay algo que no puedo soportar (como bien he dejado claro antes) es estar solo, o que me hagan sentir solo. Está claro que la segunda mitad del curso fue totalmente diferente a la primera, pero el problema de base siguió existiendo: tras pasar la puerta de clase seguía solo. Poco a poco, a lo largo del segundo cuatrimestre, llegué a una cierta relación con mis compañeros en asignaturas optativas (con menos gente), y el hecho de exponer trabajos me acercó más a ellos. Sin embargo, no pasaba de la cordialidad... a veces incluso un poco forzada. Pero hay excepciones como siempre, de esas que confirman la regla. A.n apareció casi que por casualidad...

La asignatura "Historia del Libro Manuscrito" era de primer cuatrimestre, y fue en fechas de los exámenes de primer parcial cuando me vi estudiándola. Los libros y su historia eran interesantes, pero no me hacían llegar a unos niveles muy altos de entusiasmo... y pronto los nervios llegaron, como siempre, al darme cuenta de que me faltaban días de apuntes, así que tenía que hacer algo: necesitaba ayuda. Como se habían subido a Internet los trabajos que los alumnos habían hecho en clase, empecé a ver los nombres de los alumnos y vi uno en concreto: era A.n... Y puse su nombre en Facebook. La agregué y le mandé un mensaje explicándole mi situación, que necesitaba hojas de apuntes, que era de caradura, pero que era urgente. Curiosa la forma en que comienzan las amistades, ¿verdad? Sin apenas conocerme me llamó a la residencia y me pasó los apuntes que me hicieron falta. Me sorprendió mucho, era una muestra de amabilidad que no había tenido anteriormente. Como bien dijo Bogart, aquello fue el inicio de una hermosa amistad, y el día antes del examen estaba chateando con ella en vez de estudiar porque conectamos al instante. A.n fue, es y espero que será un gran apoyo aquí en Sevilla, una amiga con la que poder contar y alguien que siempre (siempre) está dispuesto a escuchar. Le agradezco, por ello, que aquel día me pasara esos apuntes sobre el sistema de la pecia en las universidades medievales y que, gracias al pergaminarius, ya no me sintiera como una silla, o una mesa rota, en un rincón de la clase. Y qué mejor que una sevillana de verdad para conocer los secretos de Sevilla. Gracias, A.n, aunque no hace falta que lo diga para que lo sepas.

Como explicaba, el curso se acercó a su fin, como todas las cosas que acaban, y la presión se apoderó de mi. No es algo extraño, pero en cierto modo me ayudó a que todo fuera más rápido. Los exámenes y los trabajos empezaron a proliferar como champiñones en invernaderos (o donde sea que se crien) y como todo estudiante que se precie, no lo había previsto del todo. Así que me vi corriendo y ansioso, pero el fin estaba cada vez más cerca. Mi vida aquí era mucho mejor, y casi no me había dado ni cuenta... bueno, sí.

Intuyo que esta entrada será la que contendrá lo más importante de los meses en que no he escrito, que se convertirá en una especie de Confesión de Noche Melancólica con un kilo de helado y una cuchara (un momento estilo Katie apenada porque Jack, su novio del insti, la ha dejado por otra más popular, y ella lo escribe en su diario con la foto de los Jonas Bros. en la portada mientras oye "All By Myself" en versión de Céline Dion - que es más intensa -).

Por ello, y sin faltar a la honestidad de este mi blog, he de decir que en noviembre empezó algo que ha cambiado mi vida. No quiero decir con esto que haya dejado de ser yo, o que ahora no me reconozcas si me ves por la calle. Quiero decir que ha sido algo nuevo, algo especial que me ha hecho aprender mucho y, en cierto modo equilibrar mi vida. Sí, queridos hermanos y hermanas, tengo pareja. Pero eso es ahora (o más bien desde el 20 de abril). Es una historia que empezó allá en el lejano noviembre, cuando aún pensaba que haría poco frío porque "total, es Sevilla". No voy a entrar en detalles porque no creo que sea del interés de....

Está bien, estoy seguro de que suscitará interés, pero no quiero involucrarle ni involucrarme en estos aspectos de mi vida. Hay cosas que no se pueden contar así como así... y así me hago el misterioso y gano adeptos (¡Ja!). Sólo diré que tengo algo que no esperaba y que quiero que dure todo lo que pueda durar (o más), y que eso que siento cuando estamos juntos me siga pasando una y otra vez. Cuando leas esto, has de saber que tu nombre en este blog es, como no podría ser de otra forma, CAOS.

Mi último examen fue el día 2 de julio, un día caluroso en que terminé por fin Cuarto, eso que parecía que nunca iba a llegar.  Un día en que fui muy feliz, en que respiré, y en que vi que todo había valido la pena: las noche con E. en la facultad de Derecho hasta las tantas de la madrugada, los días encerrado... ya solo un año me separaba de mi objetivo.

Por otra parte, para no dejar este epílogo incompleto, falta describir que el 30 de junio fue el día en que abandoné la residencia para no volver, el día en que M., contra todo pronóstico, me ayudó a sacar las maletas (¿indirecta para que no volviera más?) y en que me trasladé a la casa de Caos para vivir mis últimos días sevillanos allí. Que visité Córdoba con L. y M., que descubrí gracias a A.n un cine en VO, ... y  muchas otras cosas que guardaré para mi, pero que de corazón digo que me hicieron mis últimos tiempos en Sevilla mucho mejores.

Ya no era silla, ni mesa, ni siquiera un tresillo de Ikea.

Era yo, ni más ni menos.